Espiritualidad | Aprendamos a cerrar los ciclos

Decir adiós no tiene nada que ver con ser un perdedor; a veces es simplemente estar “agradecido por lo aprendido”. La vida le tiene experiencias nuevas y provechosas.
Nos hemos acostumbrado a aferrarnos a personas, a espacios y a trabajos con la esperanza de que nos sostengan.
De manera desafortunada vivimos ‘de los restos’ y nos refundimos en relaciones desgastantes, en puestos laborales tediosos y en vidas muy curtidas por el aburrimiento.
Nos cuesta trabajo poner punto final. A pesar de que todo lo que nos rodea nos indica que el proceso ha terminado, nos quedamos añorando un ayer que no volverá y nos olvidamos de ir más allá de ese espectro anímico.
Dejar ir es tal vez una de las cosas que menos sabemos hacer, a pesar de que ese es un frente de acción en el que todos debemos centrar nuestras energías.
¡A veces no es culpa nuestra! Nos enseñaron a creer que todo era para siempre, cuando la verdad es que cada cosa tiene su tiempo, su hora o su momento y, cuando menos esperamos, llega el fin de una manera súbita.
Eso les pasa mucho a las personas que están a punto de pensionarse y no quieren abandonar sus oficios; lo mismo les ocurre a esas parejas desgastadas por la rutina, que esperan vivir un amor que hace mucho feneció; y también se ve mucho en aquellas oficinas en donde tanto gerentes como empleados no entienden que la dinámica cambió e insisten en seguir modelos mandados a recoger.
Los ciclos se deben cerrar, so pena de quedarnos enterrados emocionalmente en vidas lánguidas, deprimidas y decepcionantes.
Ojo: no se trata de ser malagradecidos con lo vivido o de olvidar de tajo todo lo que se ha experimentado, sino de aprender a sanarnos y, sobre todo, de entender que tenemos derecho a experimentar los nuevos retos que la vida nos trae.
Y los únicos que podemos hacer eso somos nosotros mismos; por ello es preciso tener al menos una gota de conciencia.
Las nuevas realidades, los cambios e incluso las alteraciones sorpresivas que los tiempos actuales nos presentan no dan pie a espera.
La historia siempre ha estado llena de cambios; el problema es que no tenemos memoria y de manera testaruda pretendemos anquilosarnos en un libreto obsoleto.
Nuestra existencia es un continuo fluir y, en ese orden de ideas, usted, yo y todos en general debemos surgir con las variaciones y las experiencias nuevas. A veces hay que agradecerle al tiempo que, con su soplo, suele llevarse todo aquello que hoy ya no nos permite crecer, así eso nos duela.
Dejemos de mirar hacia atrás y levantémonos hoy con la firme decisión de visualizar un nuevo horizonte, dando por terminadas esas etapas en las que por físico sentido común ya no podemos permanecer.
Por: Euclides Kilô




