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Espiritualidad | Hay que iluminar con el ejemplo

Inspire a otros con su ejemplo y con su buen proceder; así podría generar cambios sustanciales en los demás.

Dicen que no se debe forzar el cambio de nadie porque ‘cada cabeza es un mundo aparte’. Tal vez tenga mucho peso tal argumento; sin embargo, cada quien decide si toma o no este enunciado al pie de la letra.

Conozco a muchas personas que se ponen en la titánica misión de hacer que un ser querido cambie y, desafortunadamente, fracasan en el intento.

También hay quienes intentan sostener una relación o una amistad con promesas de cambio y tampoco logran cumplir con esos compromisos.

Lo que sí es claro es que usted puede llegar a ser la razón por la que alguien cambie de verdad, sin tener que obligarlo a hacer absolutamente nada.

¿Cómo puede conseguir eso?

Solo debe limitarse a dar ejemplo, a proceder de forma correcta, a ser transparente y, en general, a iluminar su entorno con buenas acciones.

La verdad es que cuando usted logra irradiar su luz, en el fondo les está mandando un bonito mensaje a los demás en el que los invita a cambiar.

El ejemplo es, sin lugar a dudas, le mejor imagen que usted proyecta de sí mismo y es, en esencia, lo que los demás le pueden admirar.

Intentar cambiar a alguien solo con consejos no es tan fácil. Y es peor cuando lo que usted quiere decirle se traduce en ‘cantaletas’ o ‘recriminaciones’.

Las palabras, por muy centradas y precisas que sean, están impregnadas de connotaciones y de significados que, casi que por regla general, no calan del todo en los demás.

No estoy diciendo que un buen consejo no tenga eco, entre otras cosas, porque hay conversaciones y expresiones que logran ser curativas y revitalizadoras. Sin embargo, un cambio de perspectiva solo dependerá de lo que usted mismo pueda transmitir con el ejemplo.

Los ‘giros’ de una persona requieren de fuerza de voluntad, tiempo, autocontrol y motivación; cambiar también es un trayecto en el que suelen darse recaídas y recomienzos.

¿A qué voy con el texto de hoy?

A que no busque cambios inmediatos en los demás a juro, porque esa conducta no depende de usted, sino de ellos.

Lo que usted sí puede demostrar es que emprende acciones honestas y solidarias, que es sencillo, que es transparente y que sabe dar luz y brillar en muchos corazones.

Reitero que los cambios no se pueden forzar, pero su ejemplo sí puede llegar a tocar muchas almas. ¡Dios lo bendiga!

Por: Euclides Kilô A

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