
Ojo con el 2022, decía el gran Álvaro Uribe, advirtiendo lo que ahora estamos enfrentando; un país caótico, en manos de los violentos y dirigido por un presidente que se le olvidó o nunca supo ser un líder.
Los que tuvimos el infortunio de sobrevivir a las bombas de pablo escobar, por allá en los ochentas y noventas, rememoramos con horror un pasado que todos creíamos superado y al que claramente estaríamos volviendo; con un agravante, que antes todos sabíamos quiénes eran los malos y el estado los combatía; ahora, esa línea se difuminó y el estado apunta a todos lados sin tener claro en cuál bando está.
Lamentablemente ha vuelto la zozobra y el miedo, la incertidumbre amenaza a nuestras instituciones, que creíamos fuertes, y que lentamente han sido cooptadas por el gobierno, diluyendo con ello, la independencia que deben tener.
Ya no hay garantías para nadie, y se siente en el aire la sensación de un “sálvese quien pueda” mientras tengan la oportunidad, ante un estado que recorre el camino hacia lo fallido, bajo la mirada indolente de quienes estarían llamados a proteger a sus ciudadanos.
El expolio al presupuesto nacional como nunca antes, por parte de una clase dirigente voraz y que pareciera tener un apetito insaciable ante lo público, no muestra síntomas de contención, antes, por el contrario, todo indica que va a continuar sin que haya nadie ni nada que los contenga; de hecho, el Confis votó positivamente que, por tres años se suspenda la regla fiscal, terrible noticia para la economía colombiana.
Mientras tanto los medios y voceros del propio gobierno hacen un llamado a desescalar los discursos de odio, como si fueran éstos el origen de todo este conflicto, cuando todo indica que el camino que estamos recorriendo hacia la debacle se debe a un plan previamente organizado y ejecutado punto por punto para llevar a Colombia hacia un estado netamente comunista. Desde el gobierno de Santos se agigantaron los pasos para llegar hasta aquí.
No podemos quedarnos en los lamentos, debemos actuar en favor de nuestras instituciones, todos podemos poner nuestro granito de arena desde donde estamos, es hora de enfrentar la realidad sin llamarnos a engaños, estamos pasando por horas muy oscuras como nunca antes, y no podemos ser inferiores al reto que se nos presenta. El mañana ya no existirá sino resolvemos el presente.
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