Espiritualidad | La Palabra de Dios nos permite descansar

Si al final del día las preocupaciones aún bombardean su cabeza, antes que quedarse atrapado por la ansiedad o por el insomnio, déjese arrullar en los brazos de Dios.
¿Qué tal noche pasó? Si antes de acostarse se acordó de sus problemas e inundó la cabeza de preocupaciones, no necesito ser un adivino para saber que estuvo dando ‘vueltas y vueltas’ en la cama.
Muchos, de manera desafortunada por la pandemia, están terminando sus actividades cotidianas con ideas muy catastróficas, miedosas o deprimentes.
Eso es grave porque, de alguna forma, después de una dura jornada todos los problemas parecen peores que a plena luz del día. Incluso las soluciones a esas vicisitudes parecen más lejanas.
¿Le ha pasado a usted?
¡Tranquilo! Es relativamente ‘normal’ en medio de esta temporada tan complicada por la que atraviesa.
¡A mí también me sucede! De hecho, a veces me quedo mirando al techo y me la paso pensando en lo difícil que han resultado tanto para mí como para mis compañeros estas fechas de pandemia.
Sin embargo he encontrado sanas formas para relajarme. Y una de ellas, tal vez la más efectiva para los que somos hombres de fe, es leer algunos apartes de las Sagradas Escrituras. Y son los Salmos los que más me alivian el alma.
Menciono esta estrategia no solo porque Octubre sea el mes de la Biblia, sino porque hay un gran poder de sanación en sus líneas.
En mi caso, el poder de la Palabra de Dios siempre me desvanece los nervios y me espanta ese ‘parloteo’ que mis angustias me generan durante la noche.
Yo sé que usted puede estar sometido a fuertes tensiones por los sorpresivos cambios y por las situaciones difíciles que ha experimentado en los últimos meses.
También reconozco que son demasiadas cargas emocionales y, obviamente, no es de extrañarse que sienta estrés y ansiedad.
Por ello es preferible que antes de ir a la cama, trate de organizar o planificar lo que debe hacer al día siguiente, para luego liberarse de cualquier atadura. Es como una forma de ‘saldar los pendientes’ con todas esas obligaciones que podrían atormentarlo durante el descanso nocturno.
Visto desde un tono más esperanzador, es como dejar que las circunstancias más complicadas queden en las manos de Dios.
Las mismas Sagradas Escrituras lo recuerdan en uno de sus versículos. Por ejemplo, lea estas líneas del libro de Corintios que rezan así: “Aunque pasamos por muchas dificultades, no nos desanimemos. Tenemos preocupaciones, pero no perdamos la calma. La gente y los problemas nos persiguen, pero Dios no nos abandona. Las contrariedades nos hacen caer, pero no nos destruyen”.
Siempre he considerado que a la hora de tratar de conciliar el sueño es mejor proyectar el descanso con una flecha que se levanta hacia la fe, más que a los problemas.
Dicen que en eso consiste la visualización de lo que vendrá: en escalar y mirar la estadística de la vida como un crecimiento espiritual y propositivo.
El mundo no siempre es lo que esperamos, pero sí es lo que hacemos con él.
Le propongo que esta noche, a la hora del descanso, le dedique cinco minutos a una plegaria, tal vez a escuchar una bonita melodía o a leer un buen texto espiritual como la Biblia. Le garantizo que, por más problemas que tenga, dormirá de una manera plácida y mañana verá las cosas diferentes.
En verdad, la Palabra de Dios le producirá una paz en su alma que lo conducirá a muchas noches de tranquilidad.
Por: Euclides Kilô A




