Opinión | Es posible vivir en pareja

A propósito de las crisis de parejas en el confinamiento y su retorno a lo cotidiano.
Por Marcos Velásquez*
Una decepción amorosa.
Imagínese usted que acaba de tener una decepción amorosa. Por ejemplo, que descubrió con sus propios ojos que su pareja le es infiel. Su reacción inmediata no es otra que la decepción, la ira, la impotencia, la desilusión y, sobre todo, el rechazo absoluto hacia esa persona que hasta ese momento fue su centro de amor.
Seguida cuenta, usted no desea saber nada sobre el amor. La herida narcisista es tal que para usted se nubla en ese momento, casi que, para siempre, el hecho de permitirse sentir algo por alguien nuevamente y como consecuencia de ello, usted no tiene otro mecanismo que pluralizar su ira e indignación hacia todas las personas del genero de su pareja, al punto que, en su decepción, su queja generalizada al culminar cualquier conversación sobre el tema afectivo, la entrega, el respeto o el compromiso entre dos personas es: “¡Todos son iguales!”.
Para usted no hay posibilidad de creer que solo su pareja es la persona que ha quebrado su confianza en una relación. Como mecanismo de salvación ante la realidad dolorosa que está pasando, usted simplemente puede pensar que, en relación al tema del amor, todo es así de decepcionante, por ello su generalización para proteger lo que queda de su narcisismo (de su amor propio), con tal de sostenerse usted, de no desmoronarse ante una situación que deja a cualquier ser humano sin palabras y siempre con las incontestables preguntas: ¿Por qué a mí? ¿Pero si yo me portaba bien? ¿Cómo no me di cuenta antes? ¿Por qué nadie me lo hizo saber? ¿Por qué no tuvo el valor de decirme que las cosas no iban bien entre nosotros? Y la menos recomendable de todas las preguntas que, sí hace mucho daño y no resuelve nada: ¿En qué fallé?
Una relación de pareja no es la completud.
En cuestiones de relaciones de pareja hay que diferenciar dos cosas. La primera es, ¿qué busco yo cuando digo que voy a convivir con alguien. La segunda es, ¿qué tan clara es mi relación conmigo y mi la soledad, para no confundir una convivencia en pareja con una dependencia del otro?
Esto implica que hay que tener un conocimiento básico sobre la historia de uno para poder entrar a compartir con alguien y no confundirse a través de los ideales que yo busco en el otro, tratando de que esa persona llene mis vacíos afectivos, cuando ella por naturaleza humana, no tiene cómo saber si yo no se lo doy a conocer a través de diálogos, conversaciones o explicaciones, por qué le reclamo, le pido o le solicito cosas que no sabe cómo darme afectivamente.
Por ejemplo, suele pasar que se le pida ternura, cuando para el otro eso no es lo significativo en una relación. O del otro lado, el otro se puede llegar a sentir fastidiado de tanta melosería y enojarse porque no soporta que alguien esté encima de él porque necesita su espacio, mientras el meloso de la relación se siente ofendido porque le rechazan su forma de manifestar el amor.
Una relación de pareja no es la completud. El otro no llena los vacíos propios de cada quien, los cuales se adquieren al convivir con los padres desde la infancia, hasta que nos separamos de ellos, para hacer nuestra propia vida. Esto nos deja el lastre imaginario que nos hace pensar que la relación que yo voy a entablar con el otro, va a ser igual o similar a la que yo viví cuando estaba en mi familia, desconociendo que todo comienzo es inédito e incierto, porque ambos tienen la responsabilidad de construir algo nuevo a partir de acuerdos dialogados.
De este modo, una relación de pareja es el encuentro con uno mismo, con todas las demandas o peticiones que uno le hace a la pareja para que esta llene lo que uno vivió en su infancia, desconociendo que ello nunca volverá a ser igual. Si me hago entender, una relación de pareja es una construcción imposible, donde en la medida en que yo le pida al otro algo de mi propia historia (familiar), él no tendrá cómo responder a eso que no vivió, que desconoce y que por más que se esfuerce, no tiene como dar.
TIPS para no sufrir.
- Una relación de pareja no es la completud. Por el contrario, es el encuentro con la soledad de uno mismo.
- No espere que su pareja comprenda sus demandas de amor, cuando usted no tiene claro qué es lo que le reclama, porque usted mismo no ha aclarado cuál es el conflicto (el vacío familiar) que aún no ha resuelto.
- Una cosa es hablar y otra discutir. En una relación de pareja hay que hablar para aclarar a tiempo qué es lo que está pasando en relación a cómo cada quien ve y vive las cosas. Si esto no se hace regularmente, el volcán siempre estará en erupción.
- Aclare primero usted qué es lo que busca en una relación de pareja, para que pueda comprender serenamente qué de lo que usted busca, sí se lo puede brindar el otro, y qué de lo que usted le pide, jamás se lo podrá dar.
- La base de toda relación es lo social, ello implica que si en una pareja no hay dinero para lo básico, la crisis aflora. Y si se cuenta con el dinero para lo básico y no hay respeto por las formas de pensar del otro, la crisis aflora.
- Las infidelidades en las parejas tienen que ser cuestionadas, antes que nada, por el propio ser infiel, quien es el que no encuentra en su relación de pareja lo que le falta y cree que a través de esa infidelidad puede hallar lo que no tiene. A su vez, el afectado se ha de cuestionar qué hace en la relación, qué espera después de lo que sucedió y si es capaz de olvidar y continuar sin mirar atrás.
- Tenga claro que es posible vivir en pareja, sin embargo, nunca será el estado ideal que se construyó en el imaginario social de los siglos pasados, donde todos terminaban después de la boda “felices, comiendo perdices”.
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