VIDA Y SALUD

¿Mal olor en los pies? Seis hábitos simples que pueden ayudarte a controlarlo

El mal olor en los pies es una molestia común que muchas personas experimentan, incluso cuando mantienen una buena higiene. La clave no siempre está en lavarse más, sino en controlar la humedad que se acumula en la piel, los calcetines y el calzado, un ambiente ideal para bacterias y hongos.

Aunque ducharse todos los días forma parte de una buena rutina de higiene, el mal olor en los pies puede aparecer igual. Esto ocurre porque el problema muchas veces no está en la limpieza, sino en la humedad que queda atrapada después de la ducha o durante el día dentro del calzado. Esa humedad crea el ambiente perfecto para bacterias y hongos, responsables del olor desagradable. En Panorama del San Jorge revisamos algunas medidas sencillas que pueden ayudar a controlar esta situación en la vida diaria.

Uno de los hábitos más importantes es secar bien los pies después de la ducha, especialmente entre los dedos. Aunque parezca un detalle menor, pequeños restos de agua pueden favorecer la aparición de bacterias en pocas horas. Dedicar unos segundos extra a esta zona con una toalla limpia puede hacer una gran diferencia.

Otro punto clave es cambiar los calcetines con mayor frecuencia. Si una persona pasa muchas horas con el mismo par o suda con facilidad, el tejido puede acumular humedad y olor. En esos casos, llevar un par adicional para cambiarse a mitad del día resulta una solución práctica. También se recomienda elegir materiales transpirables como el algodón u otras fibras que permitan una mejor ventilación.

El cuidado del calzado también influye. Usar los mismos zapatos todos los días impide que se sequen por completo, lo que favorece la acumulación de humedad en el interior. Alternar al menos dos pares de uso frecuente y dejarlos ventilar durante 24 horas ayuda a reducir el problema. Además, lavar las plantillas cuando sea posible y dejar los zapatos en lugares ventilados o con exposición al sol contribuye a eliminar olores.

Como complemento, algunas personas utilizan polvos desodorantes o antitranspirantes para pies, que ayudan a controlar la sudoración y mantener el calzado más fresco. Sin embargo, estos productos funcionan mejor cuando se combinan con hábitos básicos de secado, ventilación y elección de calzado transpirable, como modelos de cuero, lona o materiales que permitan la circulación del aire.

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