No se dé mala vida
Hay muchas cosas valiosas que usted merece vivir. Identifique todo lo bueno que hay en su mundo, disfrútelo y agradézcale a Dios por la maravilla de existir.
No creo que estemos rodeados de ‘malas’ personas. Me niego a pensar que alguien haya llegado a este mundo a cristalizar maldad alguna.
Lo que sucede es que algunas de ellas se confunden y, por eso, trastabillan con sus formas de actuar. Se embadurnan tanto de pesimismo que, sin siquiera percibirlo, terminan fastidiadas de todo.
Se trata de personas que no han logrado establecer un equilibrio con su realidad y su entorno, por lo que emiten vibraciones poco convencionales como mecanismos de defensa.
¿Por qué les pasa eso?
¡Tal vez ven fantasmas en donde no los hay! Es probable que sean algo inseguras o que tengan miedo de fallarle a alguien y, por ende, deciden reaccionar de una manera agresiva.
Lo grave de eso es que, en ese afán de protegerse y de querer salvaguardarse de quién sabe qué, se vuelven malintencionadas.
Se ‘recrean’ en sus problemas y en situaciones desagradables. Además, siempre le restan importancia al éxito de los demás, ridiculizan cualquier cosa que no les parezca y ‘respiran’ amargura por doquier.
Solo ven lo ‘malo’ y de manera continua se la pasan quejándose o contando experiencias dolorosas o sucesos graves de los demás y de ellas mismas.
Ni siquiera se sienten a gusto con las situaciones buenas que les pasan. Cuando se habla con ellas, las conversaciones giran en torno a las vicisitudes que las atosigan.
¿Habría que alejarse de estas personas?
No creo que eso sea necesario. Tampoco pienso que sea útil hacerles los baños de las ‘siete hierbas dulces y las siete hierbas amargas’.
Cuando se encuentre con alguien así, en lugar de criticar debería orar por ese ser humano. Es probable que alguna frustración se haya anidado en su alma y, por ende, se dejó inundar con el lamentable estado del pesimismo.
¿Y si le pasa a usted?
Nadie está exento de vivir un escenario igual. Si algo ‘malo’ le pasa a usted, no se dé mala vida ni tampoco actúe a la defensiva.
Si se tropieza con una dificultad, puede hacer dos cosas: evadirla o contrarrestarla. Sacarle el quite lo único que hará es prolongar la agonía, mientras que la decisión de enfrentarla le ayudará a liberarse de esa presión.
Además, la ley de atracción le devuelve lo que piensa y siente. Le recuerdo que si pinta su mundo de colores, así lo verá; y si lo imagina negro, su vida se oscurecerá.
Insisto en que aquí no hay ‘malas’ personas, sino confundidas.
Por último, quiero resaltar a quienes sí nos seducen con sus ‘buenas vibras’. Son simpáticos, alegres e irradian una energía positiva; incluso se las transmiten a los demás.
Estos seres humanos son comprensivos, amables y, sobre todo, siempre están listos a ayudar. Ellos viven agradecidos por la vida y, por ende, siempre pueden esperar las bendiciones de Dios.
¡No se dé mala vida!
Hay gente que a toda hora se da mala vida: vive amargada, es conflictiva, el mundo le molesta y se olvida de sonreír.
Si eso le pasa a usted, recuerde que esa fea actitud le genera estrés y además le impide concentrarse en su proyecto de vida. Lo anterior sin contar que se vuelve más propenso a los infartos, se llena de arrugas y termina invadido de jaquecas.
Usted no logra nada aburriéndose.
En cambio, si asume una actitud saludable podrá compartirla con los demás y ser más feliz.
En lugar de destinar esa energía en rabietas, debería trazarse un gran objetivo vital y alinear su actitud con ese propósito.
¡Empiece desde ya!
Publicada por
EUCLIDES KILÔ ARDILA
Vía Vanguardia




