OPINIÓN

Opinión | Jaime Andrés Beltrán: una oportunidad para demostrar que sí se puede reconstruir

Sofía Esteban de León

En momentos de crisis, más que los discursos importan las capacidades. Cuando miles de familias han perdido sus viviendas y cientos de edificaciones han colapsado, Colombia necesita personas capaces de asumir responsabilidades difíciles y convertir decisiones en resultados.

Por eso, la llegada de Jaime Andrés Beltrán al proceso de reconstrucción merece ser mirada con seriedad y, sobre todo, con confianza.

Más de 11.000 viviendas destruidas, 162 edificios colapsados y más de 44.900 viviendas averiadas representan uno de los mayores desafíos para las instituciones. No se trata simplemente de levantar nuevamente paredes. Se trata de recuperar hogares, reconstruir comunidades y devolverles tranquilidad a miles de familias.

Y para eso se necesita gestión.

Beltrán llega a este desafío con algo que resulta fundamental en una tarea de esta naturaleza: experiencia en la administración pública y conocimiento de las dificultades que enfrentan los territorios cuando deben responder rápidamente ante las necesidades de sus ciudadanos.

Seguramente su experiencia al frente de una ciudad como Bucaramanga le permitió conocer de primera mano lo que significa gobernar, tomar decisiones bajo presión, coordinar instituciones y responder ante problemas que no pueden esperar.

Ahora el reto es mucho mayor.

La reconstrucción exige articular al Gobierno Nacional con alcaldías, gobernaciones, sector privado, cooperación internacional y comunidades. También requiere que los censos de damnificados sean rigurosos, que los subsidios lleguen oportunamente y que cada peso destinado a la recuperación sea utilizado con total transparencia.

Pero, sobre todo, exige capacidad para ejecutar.

El plan contempla una primera etapa de atención inmediata, con subsidios de arriendo y alivios en servicios públicos, y una segunda fase enfocada en la recuperación de las viviendas mediante mejoramientos y construcción de vivienda nueva.

Eso significa que habrá que pasar rápidamente de las decisiones a los resultados. Y allí es donde Jaime Beltrán tendrá la oportunidad de demostrar de qué está hecho.

No será una tarea sencilla. Tendrá críticas, tendrá obstáculos administrativos y tendrá que coordinar diferentes niveles de gobierno. Pero precisamente por eso es importante que el país permita que quienes reciben una responsabilidad tan grande puedan demostrar su capacidad.

En Colombia tenemos una costumbre que debemos superar: muchas veces juzgamos a una persona por la fotografía que publica, por el sector político del que proviene o por las personas con las que se reúne, antes de evaluar su trabajo.

Yo prefiero otro criterio.

A Jaime Beltrán habrá que medirlo por resultados, por cada familia atendida, por cada subsidio entregado. por cada vivienda reconstruida, por cada barrio recuperado. Por la transparencia con la que administre los recursos, y por su capacidad para hacer que las instituciones trabajen juntas.

La reconstrucción no debería tener color político. Una familia damnificada no necesita saber quién gobierna para recibir una solución. Necesita que el Estado llegue.

Por eso, quienes hoy cuestionan el respaldo político que ha recibido Beltrán deberían permitir que sean sus resultados los que hablen.

Si logra cumplir la misión, habrá que reconocerlo. Y si existen errores, habrá que identificarlos.

Pero antes de empezar a juzgar, vale la pena darle la oportunidad de demostrar que la experiencia territorial, la capacidad de gestión y el compromiso con las comunidades pueden ponerse al servicio de una de las tareas más importantes que enfrenta hoy el país.

La reconstrucción será larga. Será compleja. Requerirá recursos, coordinación y paciencia. Pero también necesitará liderazgo. Y Jaime Beltrán tiene ahora la oportunidad de demostrar que puede ejercerlo.

Que esta no sea una discusión sobre quién tiene razón políticamente. Que sea una oportunidad para demostrar que, cuando Colombia necesita reconstruirse, también puede encontrar personas dispuestas a asumir el desafío y responder con hechos.

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