OPINIÓN

Opinión | La importancia de formar ciudadanos y no solo profesionales

Por: Sofía Esteban de León

Durante años, Colombia ha repetido una idea casi como una fórmula mágica: estudiar para conseguir trabajo. Desde pequeños, a muchos jóvenes se les enseña que el éxito depende únicamente de obtener un título universitario, aprender una profesión y entrar al mercado laboral. Sin embargo, mientras el país gradúa miles de profesionales cada año, también enfrenta una preocupante crisis de convivencia, intolerancia, corrupción y falta de compromiso ciudadano. La pregunta entonces es
inevitable: ¿De qué sirve formar excelentes profesionales si estamos dejando de formar buenos ciudadanos?

Hoy vemos profesionales que irrespetan las normas, algunos otros que justifican la corrupción, empresarios indiferentes frente a los problemas sociales y ciudadanos incapaces de dialogar con quien piensa diferente. El problema no es la falta de preparación académica, el problema es que la educación muchas veces se quedó únicamente en lo técnico y olvidó lo humano.

En Colombia, el sistema educativo parece estar cada vez más enfocado en producir mano de obra competitiva, pero no ciudadanos conscientes. Se habla de productividad, de resultados, de empleo y de tecnología, pero poco de valores como el respeto, la empatía, la honestidad o la responsabilidad social. Estamos formando personas para competir, pero no necesariamente para convivir.

Y eso se refleja en la realidad diaria. Basta mirar el nivel de agresividad en redes sociales, la intolerancia política, la falta de cultura ciudadana o incluso la indiferencia frente a la pobreza y la inseguridad. Muchos saben mucho de su profesión, pero muy poco sobre el país en el que viven y el papel que tienen desde sus profesiones para transformarlo.

La educación no puede limitarse a llenar salones de clases y entregar diplomas. Educar también significa enseñar a escuchar, a debatir con respeto, a cumplir normas, a cuidar lo público y a respetar las diferencias. Un país necesita médicos, abogados, contadores, periodistas, ingenieros, sí, pero también necesita personas con criterio, valores y sentido de comunidad.

Esto no significa restarle importancia a la excelencia académica. Al contrario, Colombia necesita profesionales preparados y competitivos. Pero el conocimiento sin ética puede convertirse en un peligro. La inteligencia sin empatía termina muchas veces alimentando la corrupción, el abuso de poder y el egoísmo social.

Por eso, el reto de la educación no debería ser solamente preparar jóvenes para el mercado laboral, sino también preparar ciudadanos capaces de construir un mejor país. Y esa tarea no le corresponde únicamente a los colegios o universidades. También involucra a las familias, a los líderes políticos, a los medios de comunicación y a la sociedad en general.

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