Opinión | Pacto por la paz

Por: Jairo Alvis Cuevas
Sin duda alguna el éxito del presidente electo, Gustavo Petro, se fundamentó en su firme disposición por lograr la reconciliación nacional, ante la crítica polarización que ha vivido el país los últimos años, que lo han llevado a una división en dos extremos al parecer irreconciliables y en su preocupación por reactivar los acuerdos de la Habana. Esta disposición le permitió aglomerar en el Pacto Histórico un variado número de grupos políticos, todos ellos afines al intento de retomar los caminos de la paz, de reactivar los acuerdos congelados por el actual gobierno en su firme propósito por hacer trizas dichos acuerdos.
¿Hizo trizas la paz este gobierno? Definitivamente no. El blindaje dado por el gobierno de Santos, al elevar a rango constitucional las nuevas entidades del sistema integral, entre ellas la JEP, La Comisión de la Verdad y La Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, permitió el avance en la implementación en los últimos meses del gobierno del presidente Santos y en la protección final a las embestidas del gobierno de Duque, quien no pudo ante tan fuerte escudo de salvaguardia y blindaje. Gran acierto de Juan Manuel Santos en este propósito.
Este blindaje permitió que hoy los acuerdos se encuentren en un avance aproximado al 70%, quedando pendiente la mayor parte de lo relacionado con la mesa de alistamiento jurídico, en la cual adormece la Ley de Tierras, norma relacionada con el acceso a terrenos baldíos. Están congeladas también las leyes para que haya jueces rurales dedicados a resolver los conflictos sobre el uso y la propiedad de la tierra; la reforma política para poner en marcha la misión especial electoral; la ley para fortalecer la participación ciudadana y regular la protesta pacífica; la ley de sometimiento de bandas criminales y la ley de tratamiento especial de cultivadores.
Estos aspectos de los acuerdos que no han avanzado, casi todos hacen parte del plan de gobierno que el presidente electo presentó al pueblo colombiano, de ahí su gran aceptación por parte de los partidos políticos que votaron sí a los acuerdos de paz y que, a pesar de ser minorías en el congreso actual, dieron una dura batalla en su defensa, alcanzando, no avances en la implementación, pero sí logrando junto al blindaje, defender las arremetidas por hacer trizas lo acordado. Por esto no es incoherente que en la composición del gabinete del presidente Petro y en las coaliciones que se hagan en el Congreso, estos partidos que apoyaron el proceso de paz, tenga una importante participación.
Pese a los obstáculos del gobierno de Duque, la JEP ha logrado que alrededor de 10.000 ex combatientes se acogieran al proceso; en reparación integral se han registrado un gran número de víctimas, a los cuales la respuesta ha sido mínima; los macro procesos de secuestro y falsos positivos, se lograron tipificar como crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad. Se encuentran engavetados, la ley de transporte escolar, la ley de compras públicas de productos a los campesinos por parte de los entes territoriales, la cual garantizaría a los pequeños productores una demanda permanente de sus productos.
La reforma política para poner en marcha la misión especial electoral, es de suma importancia, sacarla adelante a la mayor brevedad posible. El sistema electoral actual presentó considerables fallas en las elecciones del congreso, sino es por el seguimiento estricto dado por el equipo de trabajo de Gustavo Petro, hubiera perdida 3 curules, las cuales recuperó en el reconteo. Esto arrojó una mancha de dudas sobre el software, por lo cual se pidió se hiciera una auditoría, la cual nunca se hizo, pero al final, los resultados de la primera y segunda vuelta presidencial, no dejaron ninguna duda sobre el proceso electoral, pero que es necesario hacia futuro se tecnifique mucho más, para evitar tantos errores humanos, voluntarios o involuntarios.
Por todo esto es necesario un pacto por la paz, es decir, un acuerdo para erradicar la ácida polarización política e implementar todas estas leyes que, sin lugar a dudas, propician mejores condiciones de vida para nuestras comunidades campesinas, indígenas, negritudes, mujeres, juventudes. No se trata de una paz divina, sabemos que esa no la logramos con nuestros propios esfuerzos, se trata es de darle fin a tantos conflictos armados y a tantas inequidades sociales, lo cual nos puede propiciar una mejor convivencia, combatir la pobreza y la desigualdad. ¡Dios bendiga a Colombia!



