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Rafael Chejne, el único alcalde libanés en Colombia

Por: Johnny de la Ossa B.*

La historia del Caribe colombiano se irrigó de anécdotas con la diáspora sirio-libanesa que se asentó por estos lares en busca de refugio por la persecución de los otamanos. Fueron varios los pueblos costeños que sirvieron de estancia a las familias venidas del Medio Oriente, y con rapidez sobresalieron por su habilidad para los negocios, una virtud arraigada en su cultura.

Ayapel y Lorica fueron dos de los lugares de Córdoba donde más se establecieron y para procrear sus proles, que se expandieron por toda la geografía criolla. En el enjambre de inmigrantes que llegaron a Ayapel, a comienzos del siglo xx, vinieron dos familias: los Náder y los Chejne. Los primeros, eran de Rammah, un poblado ubicado al norte del Líbano en la provincia de Akkar, en los límites con Siria, y, los segundos, los Chejne, nativos de Rahbe, también de la misma provincia.

En los Náder sobresalía don Carlos, padre del exsenador liberal Salomón Náder Náder. Don Carlos nunca renunció a su nacionalidad, ni siquiera se esforzó para lograr su naturalización como colombiano, por esto no pudo ser alcalde de Ayapel como deseaba.

En los Chejne, llegaron varios hermanos: Juan, Rafael, Juana, Alfredo y Anwar, el menor, quien al poco tiempo se marchó para radicarse del todo en los Estados Unidos. Anwar se hizo famoso por ser el autor del libro Historia de España musulmana. Además, fue profesor emérito de Historia de la Universidad de Minnesota. Los demás hermanos se quedaron en Ayapel, entre ellos Rafael Chejne. Don Rafa, como fue conocido, era un hombre de pocas palabras, práctico y con una jerarquía innata en su colonia. Nada se hacía sin consultarle. Su olfato por el poder político lo convirtió en un militante del Partido Conservador en la época de la hegemonía conservadora, cuando en Ayapel sus habitantes eran de mayoría «goda». Su liderazgo entre los sirio-libaneses lo traspasó a la política para convertirse en el máximo jerarca de su partido en la región. Don Rafa se nacionalizó y su cédula fue expedida en el pueblo de sus amores, Ayapel. Llegó a ser representante a la Cámara, como suplente de Alfredo Araújo Grau, por el viejo departamento del Bolívar Grande. Fue, de ñapa, el único dirigente de la región del San Jorge en la Junta Organizadora y Coordinadora del Departamento de Córdoba, escogido como suplente, Junta desigada por el presidente Rafael Urdaneta Arbeláez el 10 de julio de 1952. Fue un típico relleno.

Pero vino en el año 1953 el golpe de Estado que llevó al poder al general Gustavo Rojas Pinilla. El gobernador asignado por la dictadura fue Miguel García Sánchez; y se le cumplió el sueño a don Rafael Chejne Farak: en el año 1954 fue nombrado burgomaestre de Ayapel. Hasta el día de hoy, el único libanés de nacimiento en ser alcalde en Colombia.

Don Rafa era conciliador, leal a su partido, amigo y ajeno a los odios. Además, admirado por todo el notablato de su colectividad a nivel nacional. Los rasgos ejemplares de su personalidad evitaron que los embates de La Violencia estropearan la tranquilidad del pueblo que amó. Pocos conocen la anécdota cuando intervino para que el jefe liberal, don Lácides Márquez Cochero, además su vecino, saliera de su escondite, donde se había refugiado por las amenazas de la temible policía conocida como Popol. Con plenas garantías regresó, gracias a la intervención de don Rafael. Un fuerte abrazo selló un ejemplo de grandeza de los jerarcas locales de la política en momentos difíciles para la patria.

En su paso por la alcaldía pavimentó las primeras calles de Ayapel, construyó el parque de la Iglesia San Jerónimo y el Parque de las Madres. Obras que resaltaron en la época, cuando el cemento llegaba al pueblo en lancha desde Barranquilla.

*(Miembro de la Academia de Historia de Córdoba)

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