OPINIÓN

Opinión | Invaluable libertad

Por: Bibiana Cabarcas

Mucho hemos escuchado sobre las dictaduras y las tiranías en que viven millones de seres humanos en todos los continentes, aún en América, países como Cuba, Nicaragua y Venezuela padecen regímenes dictatoriales desde hace décadas. Lo que todos nosotros damos por sentado como lo es el decidir qué comer, hacia dónde viajar y en qué vamos a invertir los ahorros, en algunos países son el privilegio de una clase dominante en cabeza de gobiernos abusivos y déspotas.

La represión de los derechos humanos, de las libertades individuales; la escasa o nula tolerancia hacia el pluralismo político y de la libertad de prensa y el ejercicio incluso de la violencia sistémica en contra de la población, es el cáncer que padecen millones de suramericanos, ante la mirada atónita del mundo libre que, no alcanza a comprender cómo es que seguimos eligiendo a los regímenes que nos van a someter. Porque así llegan al poder los dictadores por estos lados, a través de elecciones amañadas producto de financiaciones o alianzas ilícitas o bien manipulando la decisión final de los electores a través del fraude electoral, como vimos que sucedió con nuestros vecinos, los venezolanos. Esta es la dictadura democrática.

El control absoluto en cabeza de unos pocos de los tres poderes del estado, es el sueño no manifiesto de muchos presidentes de esta parte del hemisferio occidental, y aunque a algunos les cueste entender y mucho menos aceptar, es la aspiración que tiene el Pacto Histórico, cuando habla de revivir la reelección con el fin de hacerle el quite a la constitución nacional que explícitamente la prohíbe, esto con el fin de ver a su líder mesiánico Petro, de nuevo en el solio presidencial quién sabe por cuántos años más.

No nos llamemos a engaños, todavía falta mucha tela por cortar de aquí al 2026, y de todos es sabido que la clase política colombiana no tiene ideales, solo tienen intereses particulares que los benefician a ellos y a sus familias. Cuando se hunda el barco que ellos mismos ayudan a naufragar, son los primeros que sacan sus “ganancias” y a sus familias, a vivir en naciones libres, democráticas y capitalistas.

La coyuntura por la que estamos travesando en Colombia es muy delicada, y es un camino por el cual nunca habíamos transitado, ni siquiera cuando Pablo Escobar le declaró la guerra al estado.  Ya la fiscalía, la procuraduría y la contraloría se encuentran al servicio del ejecutivo; el próximo año se eligen nuevos magistrados de la corte constitucional, encargada de vigilar la correcta aplicación de la carta magna; que son nominados por el presidente,  concentrándose en su cabeza el manejo de una parte fundamental del poder judicial y de los entes de control. ¿Será posible que estemos ad portas de perder nuestra invaluable libertad?

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