Estudio revela: los ultraprocesados frenan la pérdida de peso aunque sigas una dieta sana
Una investigación en Reino Unido advierte que las dietas ricas en ultraprocesados, aunque sean equilibradas, dificultan la pérdida de peso. La diferencia con alimentos mínimamente procesados puede ser de hasta 13% en hombres y 9% en mujeres al año.

Las bebidas azucaradas, la bollería y hasta productos aparentemente “saludables” como barritas de cereal forman parte del amplio grupo de los ultraprocesados. Estos alimentos, elaborados industrialmente, no solo estimulan artificialmente el apetito, sino que también se han vinculado a mayor riesgo de obesidad y enfermedades cardiometabólicas.
Un nuevo estudio de la Universidad Global de Londres, publicado en Nature, demostró que incluso en dietas balanceadas, los ultraprocesados limitan la efectividad de la pérdida de peso. Durante ocho semanas, 55 adultos fueron sometidos a dos tipos de dieta: una con alimentos mínimamente procesados y otra con ultraprocesados. El grupo con menor consumo de procesados mostró una reducción del 2,06% de peso, frente al 1,05% registrado en quienes siguieron el plan con ultraprocesados.
Los investigadores concluyeron que, de mantenerse en el tiempo, esta diferencia podría traducirse en una pérdida de hasta 13% del peso en hombres y 9% en mujeres con dietas basadas en productos frescos, frente a un modesto 4% y 5% respectivamente en quienes se alimentan de ultraprocesados. “El grado de procesamiento influye en cuánto comemos y en la sensación de saciedad”, explicó Samuel Dicken, autor principal del estudio.
El trabajo, sin embargo, también reflejó limitaciones. Diez de los 50 participantes abandonaron el seguimiento, un dato que genera dudas metodológicas según expertos como Jordi Salas-Savadó, de la Universidad Rovira i Virgili. Pese a ello, la investigación se alinea con otros estudios que asocian el consumo excesivo de ultraprocesados con mayor mortalidad y enfermedades crónicas.
Más allá de las calorías y nutrientes, los especialistas advierten que la calidad y el nivel de procesamiento deben ser considerados en las guías alimentarias. El reto, insisten, no es solo individual: también implica revisar entornos alimentarios dominados por multinacionales y productos baratos que terminan moldeando los hábitos de consumo.





