Alejandro Durán, primer rey vallenato, aventurero y enamorado
Por Rubén Darío Hoyos Ch.
Muy cerca de la confluencia de los ríos Cesár y Ariguaní los cuales bañan grandes extensiones de tierras aptas para la agricultura y ganadería se encuentra el municipio de El Paso (Cesár), cuna del primer rey vallenato Alejandro Durán Díaz quien se levantó en medio de una familia de campesinos que trabajaban la tierra y cuidaban el ganado.
Sus padres Nafer Durán Mojica y Juana Francisca Díaz Villareal ejercieron influencia directa en Alejo desde niño para su gusto por la música ya que ellos se levantaron en un ambiente de gaitas y tambores en las fiestas que se realizaban en los polvorientos pueblos de la región y en especial en las propias haciendas ganaderas. De hecho trabajaban para la familia momposina Gutiérrez de Piñeres Trespalacios, quienes organizaron una explotación ganadera, en la Hacienda Santa Bárbara de las Cabezas, fundada en la época de la Colonia.
Alejo Durán y sus hermanos Nafer, Sabina y Luis Felipe crecieron escuchando a su abuelo paterno Juan Bautista Durán Pretelt tocar la gaita, el pito travesero y el acordeón y se dice que alentó a Alejo para que formara su talento. Además todo ese entorno que lo rodeaba desde niño en los inicios de lo que se llamó el folclor vallenato como las gaitas, tamboras, décimas, bailes cantaos, cantos de vaquería, y sobre todo muchos acordeones que se fueron transmitiendo de generación en generación.
Su mamá, Juana Francisca Díaz era hija de un tamborero y una cantadora y participaba activamente en las fiestas de la hacienda tocando tambora, el pajarito o el chandé. Alejo nació el 9 de Febrero de 1919 y a los 10 años ya trabajaba en la hacienda “Las cabezas” como racionero, luego fue vaquero y capataz. Escuchando los gritos de monte para encerrar el ganado y los cantos de los vaqueros más antiguos se fue interesando por la música y después de terminar las faenas del campo tomaba el acordeón de su abuelo para sacarle las primeras melodías cuando ya llegaba a los 19 años.
El primer rey vallenato, coronado hace 50 años, Alejo Durán aprendió a tocar el acordeón con la melodía de la conocida canción “La múcura” de otro grande de la música en nuestro caribe, Crescencio Salcedo Monroy, natural de Pinillos en el departamento de Bolívar. Su primera composición fue el tema “Las cocas” en homenaje a las mujeres encargadas de la hacer la comida en la hacienda Las cabezas.
Su hermano Luis Felipe que se había iniciado primero que Alejo en los asuntos de la música, realizaba visitas a pueblos y fincas vecinas con su conjunto para amenizar las fiestas religiosas por lo que era admirado en toda la región. Alejo Durán le pidió que no solo le prestara su acordeón, que le permitiera además que su conjunto le acompañara y fue el punto de partida de su exitosa carrera.
En su entorno musical y de trabajo conoció la fama de otros juglares que ya realizaban “corredurías”, como él las llamaba, por todos los pueblos de la costa caribe, en especial Luis Pitre, Sebastián guerra, Luis Enrique Martínez, Pedro Nolasco Martínez, Emiliano Zuleta Baquero, Juan Muñoz, Pacho Rada, Juancho Polo Valencia y Lorenzo Morales.
Una noche de 1949, musitó la oración a Santa Bárbara y decidió informar a sus padres que había tomado la decisión de viajar a otras tierras para perfeccionar sus conocimientos y en la madrugada abordó la lancha “Las cabezas “que lo llevó hasta Mompox por el rio Ariguaní.
Durante los años 50 y 60 recorrió la costa atlántica en compañía de Luis Enrique Martínez para asistir a las fiestas en corraleja, religiosas y privadas de los grandes hacendados de la región. Rápidamente llegó la inspiración y comenzaron a salir de su alma canciones dedicadas a la naturaleza, al paisaje, a los atardeceres y especialmente al amor por cuanto en cada conquista nacía un nuevo canto como el caso de Fidelina, Irene Rojas la del 039, Joselina Daza, Bren, Sabina Arrieta, la de “el papelito de Ayapel, María, Guillermina Tovar, Evangelina, Saturnina, Josefina, Margarita, Catalina, Las mellas y Sofía. Cuando cantaba alegraba la melodía con frases como: “OA”, APA, AY, SABROSO.
Alejo Durán decía: “ninguna mujer a quien le haya hecho una canción me ha podido decir que no” por eso durante su vida tuvo romances con cerca de 200 y dejo 30 hijos o más regados por todo el litoral caribe. Ellas, decía “me enviaban pañuelos con perfumes y con labios pintados”. Amaba a las mujeres, pero también a sus acordeones a las cuales les ponía nombres: “Cholita”, “El niño bonito”, El 039” y “El Pechichón” entre otros.
Precisamente con un tema inspirado en su acordeón llamado “Mi pedazo de acordeón”, ganó el Primer festival de la leyenda vallenata, realizado en Valledupar en 1968 y organizado por tres grandes Consuelo Araujo Noguera, Alfonso López Michelsen y Rafael Escalona. Las otras canciones fueron el paseo Alicia Adorada y el merengue, Envejece corazón. Además interpretó el bello son, Corralito.
Los otros finalistas fueron Ovidio granados y Luis Enrique Martínez, porque Emiliano Zuleta Baquero que estaba participando, se fue de parranda.
Uno de sus éxitos, 039 fue inspirado luego de un viaje en la lancha “viboral”, de Montelibano en Córdoba a San Marcos en Sucre, por el rio San Jorge. Ella, Irene se quedó en el puente del rio san Jorge, iba para Buena Vista y el carro que la transportaba tenía las placas 039”.
– En amena tertulia, hace apenas una semana en Buenavista con Armando Benítez Núñez, hermano del gran amigo Orlando Benítez, ya fallecido y Henry Guerra Padilla, revisamos las andanzas del “negro Alejo” por esas tierras cordobesas y llegamos a la conclusión que en todas las poblaciones que visitaba, quedaba flechado un nuevo amor. Irene Rojas, la joven que inspiró el 039 estuvo con nosotros y a sus 83 años recordó con nostalgia esos amores cuando contaba solo con 15 años de edad. “Todavía pienso en Alejo como el primer día, fue el amor de mi vida y de esa unión tengo un hijo, Alejandro de Jesús Durán Rojas”, dice doña Irene.
Alejandro Durán recorrió muchos pueblos y en algunos se quedaba por un tiempo, como en Mompox, Barranquilla, Montería, Magangué, Sincelejo y Planeta Rica, donde vivió sus últimos 30 años y la que consideraba su patria adoptiva por la gran acogida y cariño que siempre le dieron sus habitantes. Allí llegó en 1962 “con una maleta pequeña, el acordeón, un gallo fino y 16 pesos en el bolsillo” Gloria Dussan Torres, su última compañera vivió con él 14 años en el barrio San Marcos de Planta Rica. El la llamaba cariñosamente Goya con quien tuvo cinco hijos: Néstor, Jorge, Wilson, Donaldo y Nafer.
Al conmemorarse los 50 años del Festival de la leyenda vallenata en Valledupar, se rendirá homenaje a los reyes, en especial al primero Alejo Durán, el más grande que, con un estilo muy propio logró componer 331 temas entre los cuales se destacan 212 paseos, 94 merengues, 9 puyas, 7 sones, 7 cumbias, 7 porros, una gaita, un pasaje y un ole lé.
Un verdadero juglar que con su acordeón pasó las fronteras patrias, recorrió los pueblos del caribe y el país entero y hasta conoció a Francisco El Hombre en 1941 en el pueblo de Macho Bayo, en el Departamento de La Guajira.
El genial escritor cordobés David Sánchez Juliao decía que Alejo “no estaba solo, que estaba asegurado y que sabía sus vainas, era supersticioso, gallero y conocía oraciones, secretos y brujerías”.
A una pregunta de David sobre que pensaba de las nuevas generaciones y el vallenato, Alejo afirmó: “En un principio me daba ira al ver que iban descomponiendo nuestro folclor, pero después me puse a ver que no es malo que evolucione la juventud. Los jóvenes tienen derecho a evolucionar, lo malo sería que evolucionara yo, eso sí es malo; y yo quiero seguir siendo el vallenato, el pionero del folclor, de mis costumbres y dejaré de serlo “el día que me muera”.
Alejo murió en Planeta Rica, el 15 de noviembre de 1989 y una multitud lo acompañó al cementerio. Sus familiares y amigos que llegaron de toda la costa le cumplieron su último deseo, hecho canción “le llevaron a la tumba su pedazo de acordeón” y hoy su nombre se convierte en fantasía y leyenda y su estilo jamás igualado.











