Espiritualidad | Jesús está aquí, al lado de todos nosotros

Hemos cargado un gran peso que nos ha hecho más difícil el camino. Sin embargo, debemos mantener viva la esperanza en Dios y saber que con Él saldremos fortalecidos de todo esto.
Levantarnos cada día con las fuerzas y los ánimos renovados, mirar al cielo y entender lo que nos está pasando e incluso mantener intacta la fe parecieran tareas difíciles en estos tiempos que padecemos.
Es cierto que este tramo de nuestra vida ha sido bastante complicado y es obvio que necesitamos explicaciones para entender el momento actual.
No obstante, es preciso saber que sí podemos conservar el equilibrio y hacer acopio de serenidad, a pesar de que las cosas siguen complicándose a nuestro alrededor.
A usted, a mí y a todos en general nos corresponde reafirmarnos en la fe y no dejarnos doblegar por las circunstancias.
Puede ser que hoy sintamos enormes tribulaciones, pero pronto la tempestad amainará y el arco iris nos ofrecerá otro horizonte.
Alguien dirá que se lee sencillo este consejo, pero que realmente no es tan fácil llevarlo a la práctica. ¡Tal vez sí! Pero siento que es posible mirar hacia el frente, siempre y cuando optemos por ir de la Mano de Jesús.
Debemos demostrarnos a nosotros mismos y a todo aquel que nos rodea que, bajo la tutela del Señor, tendremos paz. Los momentos adversos, a su lado, son más llevaderos.
Obviamente es fundamental nutrir la paz interior y conservar la entereza. Es claro que para Dios nada es imposible y, por ende, podemos estar convencidos de que nos aliviará las cargas en el tiempo de Él.
Todo el sufrimiento con esta pandemia ha sido intenso, pero ese dolor no puede ser en vano: ¡El aprendizaje ha sido enorme! De hecho, ya hemos visto a nuestro alrededor notables cambios; y aunque no lo queramos admitir, también han sucedido cosas buenas en medio del duro temporal.
Hoy hemos podido vencer el egoísmo y se podría decir que somos más sensibles a los sufrimientos del prójimo. También hemos unido nuestros corazones para causas comunes, sin contar que en más de una ocasión ha salido a flote nuestra resiliencia.
No se confunda con este texto, porque no se trata de resignarnos a sufrir ni nada por el estilo. Esta no es una invitación a entregarse a la pena; es todo lo contrario, es un llamado a no renunciar a las esperanzas ni a los sueños.
Tampoco creo que la estrategia consista en buscar la forma de escapar de las aflicciones o de los problemas, sino en prepararnos para enfrentarlos con dignidad.
Es obvio que hay que aprender a cargar la cruz que debamos asumir, teniendo en cuenta que Jesús nos irá dando su respaldo.
La idea es entender que podemos superar estas situaciones adversas en medio de la cotidianidad, siempre y cuando mantengamos la perseverancia y la fe puestas en el Creador.
Y lo que denomino como ‘cotidiano’ no es sencillamente lo ‘simple’, lo tedioso ni mucho menos lo pasajero. Hablo de ese entorno personal que encierra una gama de vivencias, de sentimientos y de perspectivas a las que nos enfrentamos y las cuales debemos asimilar.
Es comprender que más allá de que pasemos por días grises como los que estamos afrontando en esta época, podremos ser fieles a la Palabra y a la Promesa de Dios.
Yo soy otro de los que cree firmemente en el poder de la oración, así algunos afirmen de manera errada que las plegarias caen al vacío o que se las lleva el viento.
La oración, como nunca antes, irradia la Presencia del Señor en nuestro ser. Por muy profundo que sea el abismo o por más oscuras que sean las tinieblas, nuestro Padre nos dejará ver el camino a seguir.
De hecho no hay que orar solo en tiempo de tragedias. El énfasis de la plegaria debe ser fortalecer nuestra relación con el Ser Supremo, pasar más tiempo en su Presencia y compartir buena parte del espacio que ocupa nuestro corazón. Oremos porque nuestra relación con Él es vital.
Recordemos que sus caminos son mejores que los nuestros. Pongamos la confianza en Él, incluso cuando no entendamos lo que ocurre a nuestro alrededor. ¡Permitamos que sus planes se lleven a cabo! Amén.
Por: Euclides Kilô A.





