Espiritualidad | Ojalá los problemas cotidianos no nos oscurezcan el horizonte

Debemos asumir las situaciones adversas con la mayor sensatez, equilibrio y prudencia. Es clave aprender a superar los obstáculos para poder crecer y madurar sin desplomarnos ante la menor crisis.
Hoy es común vernos enfrascados en ideas que nos acosan durante el día a día y que no nos permiten mantener ese tesoro que todos deberíamos proteger: la serenidad.
Por el ritmo acelerado en el que transcurre el mundo y tal vez por los mismos problemas nos la pasamos lamentándonos por cosas que ‘pudieron ser’ y que ‘no fueron’.
También nos arruinamos el espíritu por ciertas circunstancias que nos son adversas, pero que si las analizáramos con un enfoque neutral o menos riguroso, no nos quitarían tanto el sueño.
Lo cierto del caso es que los reveses nos provocan angustias que nos hacen trastabillar. Y si bien la realidad externa es clave, también ella se mezcla con situaciones emocionales que nublan aún más nuestro horizonte.
Cuando tenemos esas sensaciones de incomodidad frente a la cotidianidad o al entorno, debemos preguntarnos cuáles son los motivos que desencadenan este caos anímico, pero al mismo tiempo qué podríamos hacer para estar más serenos.
Debemos abordar los problemas cotidianos con la mayor tranquilidad posible, entre otras cosas, para evitar ese desgaste físico y emocional que experimentamos.
Una de las acciones concretas, en ese sentido, consiste en relajarnos y, sobre todo, no dejarnos llevar por lo que piensan los demás ni comparar nuestra situación con el ‘supuesto bienestar’ que detectamos en quienes nos rodean.
Compararse con los demás hace que siempre podamos encontrar a alguien que esté mejor que nosotros y que, por lo tanto, nos haga anhelar cosas que al final no son las que queremos ser en verdad.
No hay nada que nos haga más daño que los estereotipos o los ideales sesgados, porque en muchas ocasiones llegan a convertirse en mentiras que terminamos creyéndonos.
¿Cuántas veces nos hemos cohibido de disfrutar cosas maravillosas en la vida por una falsa creencia o por algo que supuestamente es lo ‘correcto’?
Cuando soltamos esas ataduras y esos afanes, nuestros ojos y almas se abren y empezamos a ver todo más claro.
Le planteo el siguiente ejercicio: cuestiónese qué es lo que realmente lo hace feliz y lo que verdaderamente necesita para poder lograrlo.
Pero, no se responda desde lo que piensan los demás o del criterio que se ha hecho creer usted mismo, sino desde lo que le dictan su alma y su corazón.
Si se responde con honestidad, descubrirá que escucharse a sí mismo es maravilloso y se dará cuenta de que usted es muy diferente a lo que se ha hecho creer.
No se tome personales todas las pérdidas que ha tenido en el camino porque, en muchas ocasiones, son situaciones que se salieron de sus manos.
Mejor ponga atención en su actitud y en la forma en que enfrentó esos problemas, porque eso es lo realmente importante.
Empiece por perdonarse a sí mismo y no busque a Jesús afuera sino en su corazón; a veces lo busca en el exterior cuando siempre ha estado ahí, solo que usted no se esfuerza por escucharlo. ¡Dios lo bendiga!
Por: Euclides Kilô Ardila





