Opinión | Viacrucis colombiano

Por: Bibiana Cabarcas
Ya han pasado ocho meses desde que tomó posesión el gobierno del cambio, y realmente sí se percibe el cambio, que no fue en primera sino en reversa, un cambio a todas luces beneficioso para el presidente, su familia y sus amigos cercanos, ellos sí están viviendo sabroso a costa del esfuerzo de los colombianos que trabajan y pagan impuestos; que crean empresa y se levantan con el sol a ganarse su pan honradamente. Para la gran mayoría de compatriotas de bien, que votaron creyendo el cuento del gobierno y para aquellos que no lo hicieron sabiendo lo que se venía en manos de los izquierdistas, el viacrucis no comenzó con esta semana santa, comenzó mucho antes con el aumento de la gasolina que, no afectó solamente a los cuatro mil más ricos de Colombia, sino también a la todas las clases sociales empezando por los más pobres. Este aumento deriva en los altos costos del transporte, alimentos y productos de la canasta básica que se encarecen como efecto dominó debido al aumento de la gasolina y sus derivados.
La quiebra de dos aerolíneas de bajo costo que, no solamente dejan cesantes a miles de trabajadores vinculados a éstas, también inciden en la baja del turismo a San Andrés, y otros destinos turísticos, que de 38 vuelos diarios pasó a 8 y a una ocupación hotelera del 34%, en una época del año en que todo estaba al tope, esto es la debacle para muchos hoteles y negocios de la isla, y la solución no se ve a la vista.
Masacres por doquier, en el gobierno que se llama de la vida, producto de una paz total que se ha traducido como impunidad total a los bandidos más peligrosos del país, que se sienten a sus anchas sabiendo que serán indultados y hasta premiados por sus fechorías; ahí está el ELN paseándose por pueblos de los Santanderes y adoctrinando niños sin que el estado haga presencia con el fin de protegerlos y guardando un cómplice silencio ante estos hechos.
El desmantelamiento del ejército y la fuerza pública, en medio de una crisis de seguridad que el gobierno se empeña en negar, retirando de sus filas a personal experto en el manejo de este tipo de situaciones; en contraste con la protección que se les da a los miembros de la primera línea que se les pagará un salario mínimo con sus prestaciones como gestores de paz.
El empeño por reformar todo, empezando desde cero, sin consenso con los partidos de gobierno, haciendo oídos sordos al clamor de la ciudadanía, todo con el fin de imponer la ideología por encima de los tecnicismos y los estudios serios que llaman a la sensatez y a parar la “reformitis” aguda que a todas luces nos llevará a un sin retorno que costará tiempo, esfuerzo y mucho dinero en enderezar.
Vías bloqueadas, pescas milagrosas que vuelven como una pesadilla que creíamos superada, caravanas con el ejército para poder transitar medianamente seguros y otro largo etcétera.
No llevamos ni un año, solamente los áulicos del gobierno y sus beneficiarios no aceptan lo que ocurre, nos queda tal vez, que el congreso y la rama judicial ejerzan realmente su contrapeso y no se vayan a vender por un plato de lentejas que sería hartura de hoy y hambre para mañana.
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