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Opinión | Alto precio a pagar

Por Bibiana Cabarcas

Se acerca el año electoral de 2026, con toda clase de incertidumbres de si se llevarán a cabo dichas elecciones o si se dará la temida suspensión o cancelación de las mismas, temor que flota en el ambiente político y que, aunque se ha venido expresando desde el momento en que el actual mandatario asumió la presidencia, no se ha enfrentado como una posible realidad.

Ya suenan las voces que anuncian la reelección de Petro, voces que están muy cerca al poder, como la de la congresista Isabel Zuleta del Pacto Histórico, o la del Pastor Saade, ahora como jefe de gabinete del gobierno o, la del mismo presidente, que en Pasto el pasado once de julio habló de “reelegir un proyecto”. 

Para nadie es un secreto el pasado subversivo del actual mandatario, entró a las filas del m-19 en 1978 y se desmovilizó en 1990, época que utilizó también para incursionar en la política, sin dejar de ser un guerrillero en la clandestinidad, fue así que llegó a ser concejal, congresista, alcalde de Bogotá y ahora presidente de la república. 

Como ya lo ha manifestado el presidente en múltiples ocasiones, cuatro años no son suficientes para llevar a cabo el “proyecto político” de la izquierda progresista en Colombia, y es por eso que piensa en la reelección, y aunque algunos ingenuos o despistados piensan que el congreso no lo aprobaría o que ya no le darían los tiempos para una reforma constitucional, no se les debe olvidar que en la ideología  guerrillera se concibe  el utilizar todas las formas de lucha y no es precisamente respetando la institucionalidad.

Petro y sus alfiles se darán sus mañas para saltarse todas estas normas consagradas en la constitución, y nada de extraño tendría que las próximas elecciones no se den. El actual ministro de justicia, Montealegre, maneja la peregrina idea de una asamblea nacional constituyente, para que sea “el pueblo” quien decida si el presidente se queda por otros años más, a través de una reforma a la constitución vigente. Este sería el golpe definitivo a nuestra democracia y a las instituciones y también la consolidación del régimen de izquierda “progresista” de Petro y sus áulicos. Nadie pasa más de diez años de subversivo para llegar al poder y luego soltarlo en cuatro años.

Hasta ahora se han venido advirtiendo todos estos pasos dados por el presidente para quedarse, ya está poniendo sus ojos y manos en la registraduría, el software de Indra y también en Thomas Greg & Sons, quienes manejan la logística de las elecciones; no hay que ser muy suspicaz para entender por qué lo está haciendo.

Miradas atentas, ojos acuciosos, estar alertas a lo que está pasando y defender la democracia es lo que toca, el presidente termina su periodo este siete de agosto de 2026 y debe entregar el cargo a un sucesor elegido limpiamente, sino estaríamos pagando un muy alto precio por dejar pasar de agache lo indebido y ser políticamente correctos.

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Las opiniones expresadas de los columnistas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Panorama del San Jorge o del director.

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