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Opinión | Miren: ¡así es que somos!

Por Orlando Benítez Quintero*

Durante años, muchos titulares han reducido a Córdoba a dos o tres palabras condenatorias: carteles, corrupción, violencia. Como si un territorio entero pudiera caber en un par de adjetivos. Como si más de un millón 800 mil personas se explicaran con una sola etiqueta, injusta y simplista.

Así nos han visto. ¡Pero así no somos!

Febrero de 2026 llegó con una fuerza que nadie esperaba. El agua entró a las casas sin tocar la puerta, se subió a las camas, a los techos, arrasó recuerdos, dañó las fotos de la pared. Más de 160 mil personas quedaron en la calle con lo que llevaban puesto, buscando techo, un plato de comida y una mano.
Y entonces apareció la verdadera Córdoba.

Porque así es que somos.
Somos la señora que abrió su casa a una familia desconocida y acomodó colchones en la sala. El vecino que partió el mercado para que alcanzara para dos. El muchacho que cambió el gimnasio por ir a cargar ayudas. El mototaxista que hace viajes gratis a los afectados. La tienda que fía sin libreta ni fecha. Los que vaciaron el clóset convencidos de que la ropa guardada sirve menos que la compartida. Los niños que entregaron sus juguetes para arrancar sonrisas.

No diré que aquí todo es pureza. Córdoba, como cualquier tierra, ha tenido bandidos de cuello blanco y de bota pantanera. Y también, en medio de la tragedia, oportunistas que ven en el dolor negocio o figuración proselitista. Pero no son la mayoría. La mayoría es la gente que, sin cámaras ni hashtags, salió a ayudar. La que armó ollas comunitarias, acopió ayudas y convirtió whatsapp en un centro logístico más eficaz que muchas oficinas oficiales ubicadas en palacios. La que entendió que, en medio del agua, el único salvavidas real es el otro.

Así es que somos.

Muchos de otras regiones lo sabían desde antes: de aquí son los amigos que los recogieron en el aeropuerto sin preguntar hora, los pasearon por la Ronda del Sinú, les sirvieron mote de queso y bocachico y que les dijeron en serio: “¡esta es su casa, mi llave!”. Otros lo empiezan a saber ahora, cuando la solidaridad se volvió noticia nacional.

La emergencia nos está mostrando sin filtros ni prejuicios. Miles se sumaron a una cadena solidaria que no distingue acentos ni apellidos. Han llegado ayudas, mensajes y manos. Esa corriente humana ha hecho más llevadera la escasa respuesta del gobierno nacional y ha demostrado que esta tierra no solo la queremos nosotros: la quieren muchos.

Por una vez, los titulares cuentan otra historia: la de la gente que se levanta para ayudar.

Ahora que tenemos la atención de las audiencias, que todos sepan lo que en esta tierra abunda: gente buena, trabajadora, solidaria. Capaz de reconstruirse desde el barro.

Así es que somos. Y, por fin, se está viendo.

*Jefe de programa de Comunicación Social – Unisinú.

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