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Espiritualidad | Un ‘farol espiritual’ en medio de este tiempo de confusión

Dicen que los sueños en donde vemos un farol sugieren que estamos en completo control de nuestros asuntos y que, con él, difícilmente nos veremos atacados por los imprevistos.

La verdad es que un farol no hace más corta la distancia, pero sí facilita cualquier camino oscuro.

Ese foco fue utilizado por muchos de nuestros ancestros como una señal de aliento para animar a las personas a continuar y perseverar por encima de cualquier obstáculo por el que estuvieran pasando.

Un farol era clave para no trasegar por la vida con miedo a caer y sobre todo para que nadie se perdiera, más allá de lo confundido que estuviera el panorama.

En ese entonces se decía que, a pesar de las dificultades que se presentaran, nadie podía dejar que se apagara su luz interna y, por el contrario, debía irradiarla a su alrededor para despejar las dudas que por algún motivo lo asaltaran.

Y tenían mucha razón nuestros viejos, porque un farol siempre será un imán que atraerá una ‘buena vibra’ y nos ofrecerá una energía valiosa.

Ese concepto, en nuestro tiempo actual, toma fuerza porque ese ‘farol espiritual’ del que hablamos en esta página puede ser una manera de simbolizar la vida cotidiana y la forma como debemos abordar la crisis que vivimos.

Debemos acudir a ese ‘rayo de luz’ que nos conduzca a la serenidad y a la reflexión. Y todo ello puede ser un gran estímulo para la imaginación e incluso para la creación de nuevos sueños.

En esta época, que parece inmovilizarnos y dejarnos desconcertados, el farol nos inspira seguridad, firmeza e incluso constancia.

Y a todo ello se añade la esperanza, que es como ese sol que arroja todas las sombras detrás de nosotros y que, por ende, nos resulta revitalizante. También debe estar la fe que debemos cultivar.

Además, la solución a nuestros problemas estará más cerca si cambiamos el semblante y si desde nuestro farol brotan las luces que nos inspiren a seguir adelante.

No en vano la luz disipa las tinieblas del camino y es un elemento fundamental para que podamos desenvolvernos en medio de las dificultades.

Si bien los tiempos de crisis se ven oscuros e implican peligros, también es cierto que la misma antorcha de nuestro corazón nos dará la claridad necesaria para actuar.

Esa luz, la que más se percibe cuando hay confusión en el alma, está en lo más profundo de nuestro ser.

También la liturgia de este tiempo nos lo recuerda encendiendo una vela y pasando progresivamente de una época de angustia a una de tranquilidad y paz.

A través del bregar por este mundo, hemos percibido que la Luz de Dios estará siempre alumbrando nuestras vidas en las noches más oscuras, y guiará nuestra embarcación en las tormentas más devastadoras que debamos afrontar.

La metáfora del farol es una sencilla invitación a encender, en medio de esta crisis, nuestra propia luz para que con la Venia de Dios seamos una estrella que despeje el camino.

Podemos obtener una visión clara de lo que nos espera y de lo que tenemos que hacer, si nos animamos a encender el espíritu.

Ojo: lo que hagamos de ahora en adelante dependerá de una actitud resiliente y propositiva.

Y así la distancia sea muy larga y el panorama se torne muy gris, nuestro brillo facilitará una mejor visualización de nuestro entorno y nos ofrecerá un mejor porvenir.

El ‘farol espiritual’ nos ilumina en circunstancias adversas, cuando la crisis no nos deja ser optimistas. Él cumple su brillante función cuando los problemas nos nublan el horizonte.

Por: Euclides Kilô A

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