¿El colágeno sí funciona o es puro cuento? Lo que realmente dice la ciencia
Cada vez más personas consumen colágeno para cuidar sus articulaciones, pero la evidencia científica sigue generando debate sobre sus verdaderos beneficios.

El consumo de suplementos de colágeno no deja de crecer en el mundo. Solo en 2021, este mercado movió cerca de 2.000 millones de euros, impulsado por la promesa de mejorar la piel, el cabello y, sobre todo, las articulaciones. Sin embargo, como explicamos en Panorama del San Jorge, la ciencia aún no logra un consenso claro sobre su efectividad real.
El colágeno es una proteína clave del cuerpo humano, presente en estructuras como la piel, los huesos y las articulaciones. Su función principal es dar soporte y mantener unidas estas partes, algo así como el “pegante” natural del organismo. Pero cuando se consume en forma de suplemento, el cuerpo lo descompone en aminoácidos, es decir, en sus componentes básicos, como ocurre con cualquier proteína de la dieta.
Desde el ámbito médico, algunas voces son claras: no hay suficiente evidencia para afirmar que tomar colágeno mejore la salud articular. Incluso organismos científicos europeos han limitado las afirmaciones sobre sus beneficios, señalando que no se puede asegurar que ayude a reducir el dolor, mejorar la movilidad o regenerar las articulaciones. Revisiones médicas recientes también desaconsejan su uso para tratar enfermedades reumáticas.
A pesar de esto, muchas personas siguen consumiéndolo por recomendación médica o por experiencia propia. Algunos adultos mayores aseguran sentir mejoría en dolores articulares tras incluirlo en su rutina, lo que mantiene viva la discusión. Expertos señalan que estos beneficios podrían estar relacionados no solo con el suplemento, sino con hábitos asociados, como hacer ejercicio, alimentarse mejor o cuidar la salud en general.
También hay especialistas que defienden su uso en ciertos contextos, especialmente cuando se combina con otros nutrientes o en casos específicos de déficit. Sin embargo, coinciden en algo clave: una alimentación equilibrada sigue siendo la base. Alimentos como el caldo de huesos, la gelatina, carnes con tejido conectivo, huevos y pescados aportan los aminoácidos necesarios para que el cuerpo produzca su propio colágeno de manera natural.



