Opinión | El perverso mundo de la pedofilia

Por: Bibiana Cabarcas
Con consternación el mundo ha rechazado el comportamiento aberrante del Dalai Lama, líder espiritual de los Tibetanos, quien invita a un niño a que le chupe la lengua, esto delante de muchas personas que aplauden la acritud abusiva del octogenario personaje, y ante la impotencia del menor que a todas luces se encuentra incómodo. Este hecho nos muestra que el abuso a menores de edad es más común y generalizado de lo que la sociedad quiere admitir y reconocer y pone sobre la mesa que cada cuidado que se tome para la protección de los niños es poco ante la avalancha de abusadores que están por el mundo.
Entre ellos se identifican y se distinguen con simbología que pasa desapercibida por la mayoría de los padres, y, al igual que ocurre con el lobby lgbtiq+, también tienen poderosos lobbistas a nivel mundial que trabajan incansablemente para que sea lícita la relación sexual entre un adulto y un menor de edad, sobre todo si éstos tienen menos de diez años.
El triángulo azul es el símbolo de los pedófilos que se identifican a si mismos como boylovers, o sea que les gustan los jovencitos; el corazón significa que se tiene interés por las niñas, y la mariposa con las alas azules y rosas significa que les gustan indistintamente ambos sexos. En el mundo de la web, existe la dark web o el internet oscuro en que usan estos símbolos de corte pedófilo. Como todavía la mayor parte de la sociedad rechaza este tipo de relaciones y con el fin de no ser identificados como pedófilos en la red usan nombres como BL, Girl Lovers o Childlovers.
La pedofilia se define como una desviación sexual caracterizada por una excitación ante fantasías o actividades sexuales con niños pre púberes, generalmente menores de trece años, son consumidores de pornografía infantil, en su mayoría varones.
En países Europeos y Canadá se exhiben a niños de jardines infantiles con visitas de Drag Queen, y transexuales en un intento de crear una educación inclusiva y tolerante, y lo que se ha conseguido con ello es la hipersexualización de infantes que aún no tienen claro qué es el sexo, qué son las relaciones sexuales y que luego de dichas visitas se declaran a sí mismos como niños transexuales o no binarios, logrando que a muchos de ellos se les inicien tratamientos hormonales a temprana edad y la mutilación de sus genitales para la reasignación de sexos.
Los niños son sagrados, son la inocencia y no son el futuro, son el presente, que deben ser protegidos, educados y alentados a ser constructores de una sociedad en que primen los derechos y las oportunidades, sin que sean pisoteados por grupos minoritarios que quieren imponer a toda costa su ideología por encima de valores éticos y morales que ahora se consideran en desuso.
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