Se ha vuelto una costumbre de la cultura woke a nivel mundial el estigmatizar las opiniones y costumbres que les son ajenas o contrarias a su proceder y pensar, en Colombia también se han manifestado cada vez más, llegando incluso a “cancelar” a opinadores y líderes culturales y religiosos que no acolitan sus ideas. Es así como se ha puesto de moda el decir que todos los que opinan diferente manejan un “discurso de odio” lo que pone de relieve la gran división en la que la voz estridente de unas minorías, están logrando alcanzar, al acallar las posturas diversas a las de ellos.
Son muchos los ejemplos que se podrían dar al respecto de estas estigmatizaciones, como la apabullante masacre que en redes sociales le hicieron los “odiadores” a un grupo de colegiales recién graduados del prestigioso colegio Los Nogales de Bogotá, que con orgullo decían en qué universidad iban a continuar con su formación, la mayoría en centros de estudios extranjeros muy reconocidos, como si el estudio y las aspiraciones a un buen futuro profesional y económico fueran de por sí un crimen. Otro ejemplo de una cancelación en ciernes es la de la famosa autora de Harry Potter, J.K Rowling, quien por decir su abierta opinión sobre las comunidades lgbti , la han amenazado con meterla a la cárcel; a lo que la autora respondió que iría gustosa pero que no iba a cambiar de opinión. No sucedió lo mismo con el Papa Francisco, quien salió a disculparse por mencionar la cantidad de “mariconerias” que había en los seminarios y la necesitad de solucionar esta situación.
En este mismo sentido notamos los mensajes y comunicados que desde la presidencia de la república envían cuando se les descubre un nuevo escándalo, tratando de victimizarse, echándole la culpa a otros de su mal proceder, asumiendo que el público no tiene capacidad de raciocinio y es manipulable. Craso error. Los excesos cometidos por estas minorías con poder, han logrado calar muy profundo en la sociedad actual, y están creando una reacción contraria a la que esperaban, es así como, movimientos definidos como de “justicia social” han devenido en rechazo hacia ellos por las posturas extremas que han tomado.
Estos canceladores de opinión, atentan contra la libertad de expresión, la cual es una piedra angular de los derechos humanos y fundamenta a las sociedades democráticas y libres y su intento por restringir opiniones vengan de donde vengan, son una clara instigación a la discriminación, a la violencia y a la hostilidad.





