Opinión | Una amenaza en Colombia es una orden y no un juego

Por Marcos Velásquez.
El perro se muerde la cola
Colombia está en una tensión social que, solo quienes la viven, pueden dar cuenta de ella. Sin embargo, algunas personas piensan que eso no está pasando y que todo está o igual que antes o bien.
Que uno piense que las cosas están bien, no significa que las cosas están bien. Estimo que el país tocó fondo en muchos aspectos estructurales, al igual que ya estamos viviendo lo que algunos creen que podemos vivir. Ya hay un común social inconforme. Esto implica pensar la realidad para buscar soluciones pero, están quienes insisten en que ellos siempre serán la solución.
Hablar de los muertos
Cuando escribí “¡Todo Sigue Vivo! Testimonios de la masacre de Mejor Esquina”, muchas personas me dijeron, me advirtieron, que no me metiera en problemas, que ya eso había pasado y que <<no valía la pena hablar de esos muertos que ya no les importaban a nadie>>.
En mi espíritu de escritor, sabía que hasta el momento no se había hecho un trabajo de periodismo testimonial con las víctimas, los familiares de esos muertos “que no les importaban a nadie”. Y claro, era más que obvio encontrar el dolor de estos seres humanos como venas abiertas que emanan sangre de indignación porque, pasan los años y todo sigue igual para ellos.
Psicológicamente están desequilibrados y Córdoba, con cuatro facultades de psicología, ninguna de ellas se ha propuesto hacer un trabajo de intervención psicosocial en una población donde el recuerdo no descansa y el olvido no aparece, para tratar de darle, si no paz, por lo pronto, aliento a través de un proceso clínico a personas que viven sin poder conciliar el sueño.
Hoy traigo a colación mi libro porque jamás me imaginé, al igual que el profesor Tomás Berrío Wilches, quien fue el primero de todos los masacrados esa noche del 3 de abril de 1988, que por tratar de conciliar y de mostrar que la realidad que vivimos tiene cómo mejorar, fuera a ser yo amenazado de muerte.
Tristemente el profesor Berrío fue asesinado en el acto, cuando buscaba la conciliación. Yo pude librarme del hecho porque, si tronaban el arma que sacó el sicario de su cinto cuando me abordaron en una motocicleta a la altura de la Villa Olímpica de Montería, a las 7:15 pm, el pasado jueves 9 de diciembre, se hubieran delatado ellos y los habían podido capturar después de los disparos, y como es sabido, eso no le conviene a quienes mandaron el mensaje.
Una amenaza es una orden
¿Quién o quienes fueron los que me amenazaron de muerte? No lo sé. Tengo claro que mis ideas en un país como Colombia no son tomadas con buenos ojos y mis escritos, que yo pensaba que ayudaban a aclarar lo que está sucediendo en el país para tomar decisiones que ayuden a mejorar la realidad social, terminaron incomodando a quienes no comparten estilos de pensar diferentes.
Lo cierto es que, a falta de discurso, en una sociedad acostumbrada a pensar siempre de la misma manera, mis escritos, incomodaron a alguien o a algunos.
Estos hombres me hablaron con un halo de seguridad e intimidación que hace que se desmorone cuando se está solo, hasta el más fuerte:
<<¡Oíste gonorrea! Sí, vos. ¡Quedate callao malparido! Dejá de escribir guevonadas que son pura mierda. Aquí no gustamos de esas chimbadas que ustedes piensan, estás buscando que te vacíe toda esta mierda malparido. Tenés dos días pa largarte de acá, porque si te volvemos a ver, te matamos hijueputa. Y pilas que sabemos donde vivís malparido. Largate gonorrea. Te ví, te ví>>.
El que se bajó de la moto y se acercó a mí a decirme lo que me dijo, me empujó duro, tanto que me tumbó. Como si nada, se montó en la moto y se fueron despacio, haciendo parecer que no estuviera pasando lo que ahí pasó.
Aturdido, no lo podía creer. Se me vino el mundo encima, más cuando sé que en Colombia una amenaza es una orden y no un juego. Pensé en mi familia y en que no vale la pena, en un país donde no es posible hacer tomar conciencia a una sociedad, hablar de un cambio necesario para el bien de las nuevas generaciones.
TIPS para no sufrir.
No sé qué es más peligroso para una sociedad: ¿pensar que las cosas no pueden cambiar o someterse a una realidad por pereza o miedo a cambiar?
Tengo claro que por encima de todo está la vida. Que mis palabras y mi escritura hacen parte de mi esencia, por ello, para poder seguir escribiendo, me acojo a lo que me enseñó Germán Castro Caycedo: <<La verdad se escribe mejor en novela>>.
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