Opinión | ¿Por qué el presidente Petro se comprometió en su gobierno, con la búsqueda de una sociedad solidaria e igualitaria?

Por Marcos Velásquez.
Quienes nacieron en el capitalismo y lo han asumido como “palabra de Dios”, carecen de elementos para comprender por qué el presidente Gustavo Petro, se comprometió en su gobierno, con la búsqueda de una sociedad más solidaria e igualitaria.
Al decir él que: “Cuidaré de nuestros abuelos y abuelas, de nuestros niños y niñas, de las personas con discapacidad, de las personas a las que la historia o la sociedad ha marginado. Haremos una «política de cuidados» para que nadie se quede atrás. Somos una sociedad solidaria, que se preocupa y ocupa del prójimo. Haremos una política sensible al sufrimiento y dolor ajeno, con herramientas y soluciones para crear igualdad”, también está diciendo, que esto, no se ha dado en Colombia, en tanto tal.
El capitalismo se funda en la producción, para la acumulación de riqueza a partir del consumo.
La producción industrial, que impone la línea de producción como mecanización y estandarización de dicha producción, subvirtiendo el tiempo, para someterlo al mínimo (espacio/tiempo), con tal de lograr el máximo de estandarización efectiva, elementos que de por sí, van en contravía del acto humano de la creación en el trabajo, es la constante del sistema.
Sumado a ello, el capitalismo hoy día en su producción, ha conseguido superar esta operación en la producción, a través del cada vez más desmesurado desarrollo tecnológico, y ni que decir de la virtualidad y su, hasta ahora insuperable efecto en lo social, de la viralización de la información.
Obviamente, el capitalismo se sostiene a partir de la adquisición de la deuda, que es quien se encarga de aceitar el sistema, consiguiendo con ello el efecto de materialización de las cosas y por ende, de deshumanización de la relación al otro, en la medida en que el otro, o es útil para la producción en sí misma, o es la amenaza para su tenencia.
Para afincarse en la sociedad, el sistema es hábil en su proceso de “adormecimiento social”. Su soma huxleyano, que pretende sostener su “mundo feliz” y con ello, evitar su cuestionamiento, es más adictivo y placentero que la gran preocupación de Marx al denunciar que la religión era el opio del pueblo.
El capitalismo le construye a todo aquel que entra en su adormecimiento productivo, la ilusión de tener, y con esta, la de acaparar, al punto que en los casos extremos del sistema, los acumuladores que él produce, se apropian de todo sin poder deshacerse de nada, aunque solo sea garbage (basura).
El efecto del capitalismo en Colombia es complejo, tanto como tratar de comprender que en el territorio colombiano existe diversidad de climas y con ello, diversidad de estilos de pensar que generan en cada población, formas y maneras particulares de apropiarse de su territorio, en cuanto a su producción y sistemas de alimentación se refiere.
No se puede pensar en Colombia en una forma de producción única, como tampoco imponer proyectos tipo para dar solución a las necesidades de sus diversos municipios.
Culturalmente, en muchos de estos el capitalismo, aunque se evidencia a través de bancos, la deuda y el consumo de productos importados, gracias a la mal llevada apertura económica que hundió a los productores locales sin prepararlos, apoyarlos o tenerlos presentes cuando se impuso a raja tabla para satisfacer al sistema, ha logrado sostener un feudalismo en el que los ricos siempre han sido ricos y los pobres siempre han trabajado para ellos.
Sin embargo, en las particularidades de nuestra historia, el narcotráfico logró desmontar un poco esta tradición, haciendo que algunos de los hijos de los pobres, al entrar al negocio que permite que la producción desproporcionada para alimentar su consumo irrefrenable, se sostenga a punta de cocaine, desdibujó la línea infranqueable de los unos y los otros, al punto que todos vieron la oportunidad del negocio y hoy por hoy difícilmente se puede saber a ciencia cierta, de dónde viene el dinero de quien o cual, porque, con esas “marcas de lavadoras” tan innovadoras que hay en el mercado, ya es complejo reconocer el capital, valga la paradoja, “limpio”, de las honorables personas que componen nuestra sociedad.
Ello, antes que lograr una “sociedad más solidaria e igualitaria”, como la quiere el presidente Gustavo Petro, hoy tiene, por efecto del sistema capitalista de tener, en un país donde el valor de las cosas no está a la altura de su producción y sí obedece a las condiciones del mercado global, ha producido una soledad común, donde quien tiene puede y quien no tiene, si no tiene un político amigo, pues está sometido a pasar necesidades y en ocasiones, calamidades.
La soledad común que produce el efecto capitalista, la cual se vive en Colombia, pero difícilmente se reconoce, no solo ha dejado desprotegida a la población vulnerable que quiere proteger el presidente, sino que ha producido una violencia en la que el tener es lo único que importa.
No en vano, ha aflorado la perorata destructiva y vacía, acompañada de la férrea campaña publicitaria de desprestigio a cada paso que da el presidente Gustavo Petro, tratando de rescatar la paz y cuidar a los abuelos, los niños, las personas con discapacidad y las personas a las que la historia o la sociedad ha marginado, en manos de una oposición gorrina.
Mientras él obra para disminuir la soledad común en Colombia, los vasallos del capitalismo solo desbarran insultos y evidencian su incapacidad de pensar en el bien común.
Igualdad en la dignidad humana no es equivalente a la miseria del espíritu, sin embargo, preocuparse por ello para construir una cultura solidaria y de respeto, sí enuncia qué es ser un gobernante que comprende los efectos de la miseria que impone el sistema capitalita.

