Espiritualidad | Servir, la llave que le permite avanzar y trascender
Ayudar a la gente, de una forma desinteresada, nos permite mostrar la mejor de todas nuestras facetas. El sano arte de servir nos reconcilia con la vida y, además, nos brinda una satisfacción que el egoísmo nunca nos podrá ofrecer.
Todos debemos estar dispuestos a prestar un servicio a la comunidad. Y no hay excusa para ello, entre otras cosas, porque podemos ayudar desde el lugar o la condición en la que nos encontremos.
Lo digo porque muchos de nosotros solemos pedirle a Dios que bendiga a la gente que sufre, pero en el fondo no movemos ni un dedo por ella.
Claro está que dicho servicio jamás puede ser una imposición, ni tampoco se debe hacer‘como por cumplir’. El arte de servir es algo que se debe disfrutar.
¿Usted le sirve al prójimo o se contenta solo por velar por sus asuntos de forma egoísta?
La llave que le permitirá hacer las cosas bien consiste en reconectar sus ganas de vivir y buscar el momento preciso para encenderlas, siempre pensando en servirle a la comunidad.
A los profesionales de hoy día no los están enseñando a servir, sino a ganar dinero o a ‘escriturarse’ un gran puesto en una empresa.
¡Es una pena que eso ocurra!
Quien ejerce su profesión pensando en servir, no solo les colabora a los demás sino que además se siente realizado.
Usted puede ser celador, ingeniero, abogado, docente, artesano, carpintero, albañil, en fin… No obstante, lo importante es que con el oficio que elija tiene que ser el autor de cosas bellas.
No es necesario tomar un martillo o un cincel para labrar la piedra que habrá de esculpir su profesión; solo debe ser escultor para hacer obras positivas que redunden en beneficio de su vecindario.
Nunca se impacta tanto como cuando uno puede servirle bien a la gente. El servicio refina, purifica, da una perspectiva más clara y lo mejor es que nos motiva a actuar de una manera sobresaliente.
Hay quienes sirven con palabras, tal y como lo hacen los escritores; hay quienes proyectan su vida con planos, como los arquitectos; y así podríamos citar muchos ejemplos. Lo cierto del caso es que los profesionales deben darles los mejores tonos a sus obras. La clave es emprender acciones trascendentales no solo para ellos, sino también para la humanidad.
Los verdaderos profesionales van más allá de una buena coordinación matemática o de un buen cargo en una institución: ellos son capaces de diseñar el bien para él y para los demás. Crean cosas con sencillez y así le ponen el alma a su oficio.
También componen con bonitos gestos y pintan con la policromía de los tonos cálidos y amables. Trabajan en su creación y, como si se tratara de la gente labriega, producen viñas con las que siembran el pan de cada día.
Así que si usted trabaja con esmero, pensando siempre en servir, podrá avanzar y hacer algo que trascienda.
Por: EUCLIDES KILÔ ARDILA



