Opinión | ¿Y si nos miramos en ese espejo?
Por: Bibiana Cabarcas
La Venezuela de Maduro, se ha convertido en el segundo país más corrupto del mundo, según ranking de transparencia internacional, solo superado por Somalia. Todo apunta a que el vecino país se ha convertido en un estado mafioso, en donde políticos de alto rango trafican estupefacientes coordinados a través del cartel de los soles, dirigido por altos mandos militares, que además de cocaína también trafican oro, extraído de minas ilegales y también extorsionan.
Estos personajes han adquirido una inmensa fortuna, bajo la mirada complaciente del presidente de la república, que así los mantiene contentos con el fin de que lo respalden. Además, este cartel de los soles cuenta con el apoyo de alcaldes y gobernadores de las regiones claves para el narcotráfico. A todas estas, la justicia en Venezuela no es independiente, ya que está en manos del gobierno, y por lo tanto no aplican ni investigaciones y mucho menos sanciones para todas estas personas. Como diríamos en Colombia, es una cueva de rolando, todos juntos y todos robando.
Esta permisividad mantiene la estabilidad del régimen de Maduro, que hace mucho rato ya no devenga del petróleo, PDVSA, su empresa estatal de petróleo, está quebrada y como lo dió a conocer la organización investigativa InSight Crime, la mayor subvención económica les viene del narcotráfico.
Esta situación venezolana se podría ir perfilando en su versión colombiana, para nadie es un secreto la cercanía ideológica del actual gobierno con el del vecino país y los pasos agigantados con los que se ha venido “decreciendo” en todos los aspectos en este lado. En seguridad ya que en grandes extensiones del territorio impera la guerrilla y los grupos de narcotraficantes, en la economía con la pérdida de poder adquisitivo por la inflación e impuestos, aumento de la gasolina y Ecopetrol cada vez más cercana de una debacle. Un ejército y fuerza pública en cese al fuego bilateral por los diálogos de paz, que los tienen maniatados y sin poder de reacción, con una inteligencia y contrainteligencia desvalijadas. Y no podemos dejar pasar los vínculos turbios de familiares del actual mandatario que facilitaron recursos para la campaña presidencial, todo esto en investigación por parte de la Fiscalía.
A la espera están en el gobierno de la elección de la nueva fiscal que les de un salvavidas a todas las investigaciones pendientes de personas muy cercanas al actual mandatario. Una justicia a la medida y en manos del gobierno, no es una justicia independiente. Del congreso ni hablar, la mermelada los tiene a punto de un coma diabético, y ya están ad portas de ser aprobadas las reformas a la salud, pensiones y laboral.
Mirémonos en el espejo de Venezuela, si no sirve de nada lo que ya ha pasado allá, para que no permitamos que se repita acá, ya será muy tarde también para nosotros.

