
Hoy juega la sele, es quizá el partido de fútbol más importante de los últimos años y es sin duda el momento que más pasión e intensidad ha generado en el pueblo colombiano. Llegar a la final del torneo más antiguo de selecciones en el mundo no es un logro menor, es una hazaña que nos hace sentir orgullosamente colombianos.
26 jugadores y un cuerpo técnico representarán hoy en Miami al país de la belleza, al país del realismo mágico, a un pueblo que pesca en el río grande de la Magdalena, a hombres y mujeres que exportan el sabor de un pueblo desde el paisaje cafetero, a un pueblo que desborda de alegría en el Carnaval de Barranquilla, en el carnaval de Blancos y Negros, en la Feria de las Flores, en el Festival de la Leyenda Vallenata, en el Festival y Reinado Nacional del Bambuco y del Folclor, en el Festival Nacional del Porro y en el Festival Nacional de Mapalé.
Prenda la radio, encienda la tele, hoy vamos a ser CAMPEONES y en la cúspide de América quedará el sudor de hombres y mujeres que a diario surcan nuestros campos, hoy al estadio entrarán las ilusiones de más de cincuenta millones de personas que empujan con fuerza hacia un mismo lado, por lo menos por estos noventa minutos.
De norte a sur y de oriente a occidente el país de la belleza se concentra en la conquista de la hazaña, una gesta labrada con talento, con disciplina y con entereza. 23 años después se llega a estas instancias y por vez primera los compatriotas están con la convicción de ganarle a cualquier selección que esté al frente. No importan los pergaminos ni los títulos que ostente el rival, nuestra selección cuenta con el talento para bajarla de pecho y meterla de volea.
El equipo esta duro y quiere salir campeón para regalarle una gran satisfacción a un pueblo que se desgasta entre debates y pleitos alrededor de propuestas de reformas y constituyente, a un pueblo que ve como se pierden vidas de soldados en campos minados, un pueblo en el que disidencias de grupos armados construyen infraestructuras educativas, de salud, pero que a la vez extorsionan y masacran a la población civil. Un pueblo en el que los niños y jóvenes esperan una mejor oferta y calidad educativa, un pueblo en el que se cae se para y gana la revancha.
Cierren la calle que hoy juega la selección mía y la cosa es sencilla, si Juanes tenía la camisa negra, pues, yo la tengo la amarilla y con ella me deleito al ritmo de gaitas y tambores que me recuerdan mi antepasado indígena, de la cual aprendí que debo sentir orgullo del sombrero vueltiao, mi descendencia afro que me recuerda las historias de negros esclavizados que de niño me contaba mi madre en el corredor de nuestra vieja casa en Buenavista.
Prenda la radio, encienda la tele y vamos a impregnarnos de esta alegría que vive el país a partir de un grupo de héroes que han hecho sus historias a partir de luchas vencidas y adversidades superadas, cada uno con motivaciones diferentes, con hambre de triunfo, con mentalidad ganadora y con deseos de marcar una generación.
Con todo respeto le digo; si usted no está alentando, coja la curva coja la L.


