TENDENCIAS

Jesús, humano de nacimiento

La Navidad es tiempo para avivar nuestra fe y fortalecer la esperanza.

Pbro. Emilio Betancur

Ante tantas incertidumbres políticas que nos agobian, la paz que en el interior se nos va debilitando así vaya creciendo externamente, las dificultades personales o  familiares que no faltan, unas medidas económicas  que invisibilizan las personas de la clase media hacia abajo, con ecuaciones  matemáticas de mercado; y unas celebraciones navideñas consumistas que ahogan la Navidad cristiana y humana, llevándose de paso, por activa o pasiva  las familias; nos sentimos como Juan Bautista preguntando desde la cárcel por intermediarios: “¿Eres tú quien ha de venir o tenemos que esperar a otro?”. Juan quería saber, como nosotros, si lo prometido en el Jordán a la multitud, el reino de Dios, se estaba cumpliendo. Lo mismo le ocurrió a Pablo cuando en el segundo viaje invita a Bernabé para verificar si lo que habían propuesto a la gente de parte de Dios, como promesa, se había llevado a efecto.

Los pobres, guía de regalos

Todos cuantos en el país de los ciegos oigan, vean o indiquen que la reconciliación y la reparación a las víctimas son el único camino, no sólo proyecto futuro de paz sino inicio de cualquier proceso, podremos creer como Juan que el reino de Dios va llegando. Jesús despierta en nosotros durante el Adviento y en la Navidad, el sentido y entusiasmo de asumir la vida en nuestras manos como propia y recuperar el poder y la libertad de compartirla con los demás, compasiva y solidariamente. En Navidad, Dios se hace hombre, humano, para que “nuestra guía de regalos sean los pobres”. Debió haber habido algo en la predicación de Jesús que volvió a la gente solidaria con los demás; pudo haber sido lo mismo que perdimos pero queremos recuperar, su compasión solidaria. Jesús hizo tan atractiva la vida de la gente que los sanados tuvieron el valor agradecido de orar a Jesús por la compasión como fuente y origen de su nueva vida. La gratitud de los pobres es bien sencilla: si les compartes te dicen: “Que Dios le pague”; y si no puedes o no quieres compartirles no dejan de decirte: “Que Dios lo bendiga y la Virgen lo acompañe”. Con toda razón Jesús llamó “Bienaventurado” (feliz) al que no se siente defraudado por la compasión y la solidaridad con los demás.

Un programa humano de Navidad

La primera y segunda lectura son para referirlas al evangelio; dado que la revelación es progresiva nos podemos preguntar ¿cuál es el significado de estas dos lecturas en relación al Adviento y la Navidad? “Fortalezcan las manos cansadas, afiancen las rodillas vacilantes; digan a los de corazón apocado: ¡Ánimo! No teman. He aquí que su Dios equitativo y justo, viene para salvarlos. Se iluminarán los ojos de ciegos y los oídos de los sordos se abrirán. Volverán a casa los rescatados por el Señor; serán su escolta el gozo y la dicha porque la pena y la aflicción han terminado” (Is 35, 1.6-10)

La fe a prueba de tiempo

Santiago, responsable de la comunidad de Jerusalén, recomienda “paciencia hasta la venida del Señor”. Tener paciencia implica que la esperanza supere la incertidumbre y la paz haya sanado la inseguridad; la paciencia es un factor determinante en la familia, el estudio, el trabajo, la vida personal y el campo. Entre otras cosas tener paciencia exige una respiración larga y profunda; así lo requieren los cantores, los flautistas, los corredores, los nadadores. La esperanza tiene que ver con la paciencia, por ser la fe a prueba en el tiempo. En algún museo de Atenas se leía a la entrada: “Lo único que no respeta el tiempo es lo que se hace sin tener en cuenta el tiempo”. Entonces, paciencia, “porque el Señor siempre es fiel a su Palabra” (sal 145).

Hay cosas prioritarias

Le preguntaron a un desempleado en una comisaría de Jerusalén qué formula elegía para su declaración juramentada, si la religiosa o la laica. El palestino le respondió al juez: “La que usted quiera porque mi problema es que desde la pasada Navidad no tengo trabajo”. No trataba de eludir la pregunta sino dar a entender con la respuesta que se hallaba en una situación en la que ese tipo de preguntas, incluso el mismo proceso, carecía de sentido en relación a la Navidad y el trabajo.

Evangelio según San Mateo 11, 2-11

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: -¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?-. Jesús les respondió: -Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!-. Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: -¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.” Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él-.

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