VIDA Y SALUD

¿Por qué los niños se resfrían más en clima frío? La ciencia tiene la respuesta

Con la llegada del frío, los niños son los principales afectados por los virus respiratorios. La razón está en cómo responde su organismo ante las bajas temperaturas.

El frío no solo trae abrigos y bebidas calientes, también favorece la aparición de resfriados, especialmente en los más pequeños. Durante la temporada invernal, los virus respiratorios encuentran el ambiente perfecto para propagarse, y los niños, con un sistema inmune aún en desarrollo, se convierten en los blancos más vulnerables.

El motivo detrás de este aumento de casos está en un mecanismo natural de defensa llamado “clearance mucociliar”, encargado de eliminar el moco de las vías respiratorias. Este sistema funciona gracias al movimiento de las cilias, pequeñas estructuras en la nariz que, al ser expuestas al frío, reducen su movilidad. Como consecuencia, se acumula el moco y se facilita la entrada de virus como los rinovirus, los principales causantes del resfriado común.

Estos virus, altamente contagiosos, se propagan a través de gotículas microscópicas expulsadas al toser, estornudar o incluso hablar. Las superficies como picaportes, teclados o juguetes infantiles pueden convertirse en focos de contagio si no se desinfectan con frecuencia.

Los síntomas más comunes incluyen estornudos, congestión, secreción nasal, dolor de garganta, tos y, en ocasiones, fiebre o dolor de cabeza. El malestar suele aparecer días después del contagio y dura aproximadamente una semana.

Para aliviar los síntomas, se recomienda mantener reposo, una hidratación adecuada, una alimentación liviana y el uso de humidificadores o soluciones salinas. Es fundamental evitar la automedicación, sobre todo en niños, ya que algunos medicamentos, como los que contienen efedrina o pseudoefedrina, no son seguros para ellos. Además, es importante recordar que los antibióticos no combaten virus, por lo que no tienen efecto alguno en estos casos.

La mejor forma de prevenir el contagio sigue siendo la higiene: lavado frecuente de manos con agua y jabón, evitar tocarse la cara con manos sucias, limpiar superficies de uso común y cubrirse al toser o estornudar con el antebrazo o un pañuelo desechable. Si un niño presenta síntomas, lo ideal es mantenerlo en casa para evitar que otros se contagien.

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