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Espiritualidad | ¡No carguemos lo que no nos corresponde llevar!

¿Qué tan pesada es la carga de nuestra cotidianidad? ¿Sabemos bien qué es lo que debemos llevar y qué no? Y no hablo solo de lo material, también me refiero a todas esas emociones negativas que desplegamos y que suelen hacernos demasiado daño.

Levantar más peso del que normalmente podemos soportar no quiere decir que seamos muy fuertes. Eso lo único que significa es que estamos echándonos al hombro una carga que no nos corresponde.

Atiborrarnos con esas ‘cajas de más’ no solo es absurdo, sino que además puede resultar muy lesivo para nuestra salud.

Y lo propio sucede con la vida diaria y, sobre todo, con nuestra mente. Nos vamos llenando de ideas, terquedades y cargas emocionales que al final nos hacen tambalear o nos dejan embadurnados de cosas que no sirven.

¿De qué hablo?

De eso de llevar a cuestas relaciones tóxicas, trabajos tediosos y más de un asunto que no nos incumbe.

Ni hablar de esos chantajes emocionales que algunos nos plantean y que terminan arrumándonos culpas, inseguridades y todo tipo de debilidades.

También están aquellos que nos ven como el cesto de la basura y nos arrojan todas sus angustias, deudas y dolores de cabeza.

Llevamos a cuesta cajas de todos los tamaños, las cuales nos sofocan, atan, tapan y frenan nuestros propios horizontes.

Usted, yo y en general todos podríamos ir por la vida sin tantas cargas al hombro o al menos tendríamos que asumir solo las que nos competen.

No se trata de tomar las cosas a la ligera ni mucho menos de ser irresponsables, sino de no soportar bultos de otros ni asumir misiones ajenas o afanes que no tienen razón de ser y que, de paso, arruinan nuestra paz y tranquilidad.

Les propongo que nos liberemos desde ya de toda esa mala vibra y que desocupemos de una vez por todas ese peso que de manera absurda nos hemos adjudicado a cuenta y gracia de los demás.

Saquemos también esos resquemores, envidias, egos y bobadas que llevamos por dentro.

Seleccionemos nuestras cargas, sepamos qué tanto es nuestra responsabilidad de carga y, sobre todo, soltemos esas cajas que deberían quedar en manos de otros.

Tengamos presente que hay muchas cosas de las que podemos prescindir, ya sea porque no hacen parte de nuestras tareas o porque, de manera literal, ya no son útiles.

¿Cómo lograrlo?

Una buena estrategia consiste en mirarnos desde afuera. Por ejemplo, los invito a que vean la ilustración gráfica que acompaña este texto y véanse reflejados en ella con cada uno de sus compromisos. Hagan un acto simbólico de soltar esas cajas en medio de sus caminos e imaginen cómo se podrán sentir sin tanto peso.

Insisto en decir que soltar no implica ser irresponsables; es más bien darnos el permiso de ser libres y aprender a vivir de una forma más relajada, sin tanto estrés y disfrutando el camino.

Por: Euclides Kilô Ardila

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