Hay momentos en la historia de una ciudad en los que crecer deja de ser suficiente. Llega entonces la pregunta verdaderamente importante: ¿Qué ciudad queremos ser?
Montería está llegando a ese momento.
Tenemos una ciudad que ha cambiado, que ha crecido y que ha demostrado que es posible transformar el espacio urbano cuando existe una visión. Pero el siguiente paso no puede consistir únicamente en hacer más. Tiene que consistir en pensar mejor la ciudad.
Y para hacerlo debemos mirar hacia aquello que siempre ha estado en el centro de nuestra historia: el río Sinú.
El Sinú no puede ser entendido solamente como un elemento natural que atraviesa Montería, ni como un lugar para visitar los fines de semana. Es una oportunidad para pensar cómo queremos ordenar, conectar y disfrutar nuestra ciudad durante las próximas décadas.
Un río puede dividir una ciudad. Pero también puede convertirse en el elemento que la articule. La pregunta es qué decidimos hacer con él.
Montería ya tiene una experiencia valiosa en este sentido. La Ronda del Sinú cambió nuestra relación con el río y demostró que el espacio público puede convertirse en una herramienta de transformación social y urbana.
Ahora tenemos que mirar hacia adelante.
El reto es lograr que el Sinú sea mucho más que un espacio emblemático: que sea un eje de planificación, movilidad, espacio público, sostenibilidad, cultura y desarrollo urbano.
Eso implica pensar la ciudad de manera integral. Cuando hablamos de movilidad, por ejemplo, no podemos pensar solamente en vehículos y vías. Tenemos que pensar en cómo caminan nuestros ciudadanos, cómo se conectan nuestros barrios, cómo fortalecemos el transporte público y cómo hacemos que la bicicleta y otros medios de movilidad tengan cada vez mejores condiciones.
Cuando hablamos de espacio público, tampoco se trata simplemente de construir lugares bonitos. Se trata de crear espacios que la gente pueda usar, disfrutar y sentir como propios. Y cuando hablamos de crecimiento urbano, tenemos que preguntarnos cómo evitar que una Montería cada vez más grande termine siendo una ciudad más distante para sus habitantes.
El desafío no es crecer por crecer. El desafío es crecer bien. Y crecer bien significa planificar antes de que los problemas aparezcan; significa anticiparnos a las necesidades de las nuevas generaciones, significa conectar el desarrollo urbano con la protección ambiental; significa entender que cada nueva intervención debe contribuir a una ciudad más accesible, más conectada, más segura y amable.
En ese propósito, el Sinú puede convertirse en nuestro gran articulador.
Podemos imaginar una ciudad que vuelva sus espacios públicos hacia el río, que fortalezca sus conexiones, que genere nuevos lugares para el encuentro y que aproveche su patrimonio natural sin ponerlo en riesgo.
Una ciudad que pueda caminarse. Una ciudad que pueda disfrutarse. Una ciudad donde el río no sea simplemente algo que vemos, sino algo que forma parte de nuestra vida cotidiana.
Pero para lograrlo necesitamos una visión que vaya más allá de los períodos administrativos porque las ciudades se construyen con continuidad.
Lo que hoy se planifica quizás lo disfrutará plenamente una generación que todavía está creciendo. Por eso las decisiones urbanas requieren responsabilidad, conocimiento y una mirada que no esté limitada por el corto plazo.
Montería tiene una condición privilegiada: tiene identidad y tiene territorio para proyectarse. No necesitamos copiar modelos de otras ciudades. Necesitamos aprender de las experiencias exitosas, incorporar nuevas ideas y, al mismo tiempo, construir nuestro propio modelo. Un modelo que reconozca nuestro clima, nuestra cultura, nuestra relación con el río, nuestra manera de vivir el espacio público y las necesidades particulares de nuestra gente.


