OPINIÓN

Opinión | Tener éxito

Por Marcos Velásquez

¿Qué es el éxito?

Me preguntaron por el éxito.  Por las personas exitosas.  Por las personas que no han sentido la necesidad de suicidarse como un escape a todas las tensiones que se le pueden acumular en la vida a un ser humano.  Me preguntaron por esas personas que lo han logrado, que están bien y que lidian con las bondades de la vida y no tienen problemas.

Como suele pasar en mí, solté una carcajada y tuve que explicarle a la persona que me hizo la pregunta, que no me estaba burlando de ella, que se trataba de un mecanismo de defensa que mi subjetividad utiliza cuando siento que me confrontan con una realidad que es comprendida ingenuamente o a medias.

Esta sensata persona me permitió que le expusiera que el éxito en tanto tal es el “resultado, en especial feliz, de una empresa o acción emprendida, o de un suceso”, tal y como lo enuncia su más generalizada definición.  Lo que implica que el “éxito” en sí mismo, o es un momento final que se aprecia o vive, o es el efecto de la suma de varias o muchas acciones.

Por tanto, y se lo aclaré, el éxito no es la foto que aparece en las redes sociales, donde quienes sonríen por haber conseguido algo que deseaban, lo muestran a “todos”.

El éxito tiene como consecuencia el principio de sostener algo que se consiguió, hecho para el cual no siempre se está preparado, dado que en el intento de conseguir lo que se desea, se dirime la angustia propia de su búsqueda pero, una vez se tiene o adquiere, la angustia es total, debido a que difícilmente se logra superar el hecho de haberlo logrado y conjugar esa sensación con el real de cómo se puede sostener en el tiempo lo que en un principio parecía imposible.

En otras palabras, el éxito en sí, es como el orgasmo: es efímero.  Por ello, para muchos, se torna en un recuerdo nostálgico de algo vivido, a raíz de que su sostenibilidad es una nueva batalla, la cual, la más de las veces, no todos están preparados o dispuestos a sostener, porque su peso es mayor que el hecho de su consecución.

Del éxito al “coronamos”.

No contento con esta respuesta, quien me cuestionaba sobre el asunto, me preguntaba por los profesionales exitosos, por los que han podido construir una vida tranquila a partir de su profesión.  Me decía: ¿cómo han logrado ellos su éxito?

Personalmente me aventuré a responderle lo que hoy le planteo a todos, tratando de escucharme a mí mismo, con el objetivo de encontrar también en mis palabras una respuesta que no necesariamente es la única.

Estimo que hay dos tipos de profesionales en Colombia.  Los que se han hecho con sacrificio y a los que por linaje familiar les correspondió estudiar.  Ambos están inscritos en un imaginario social que se planteó en el siglo XX: A través de la educación y sobre todo, de la profesionalización, podrían conseguir una estabilidad laboral que les permitiría estar sin afugias económicas en su vida, protegiendo con ello su futuro a partir de una posibilidad de ahorrar, pensionarse, trabajar duro eso sí, para sostener el ideal que diseñó la sociedad que se erigió después de la segunda guerra mundial.

Al principio, estos dos tipos de profesionales podían vivir con sus salarios.  Los primeros, les tomó más tiempo estabilizarse dentro de la sociedad, dado que como contaban con pocos recursos, antes de entrar en el mundo de la deuda bancaria, tuvieron que resolver los compromisos que sus padres adquirieron para que ellos lograran lo que estos no habían podido realizar.  Todo con un objetivo trazado: “Los educamos para que ustedes sean el sostén de nuestra vejez”.  Así, el primer éxito para estos profesionales terminaba siendo el hecho de poder llegar a ser profesionales, en una sociedad que difícilmente les daría la oportunidad de conseguirlo, según sus orígenes familiares.

Los segundos, como tenían una realidad favorable donde el flujo de dinero familiar ayudaba a centrarse solo en el resultado de su formación académica, permitió que entraran rápidamente al mundo de la deuda.  Por ello, para ese momento generacional, el primer éxito profesional, casi siempre era la compra de un carro a partir de un crédito bancario.

Paralelo a estos dos tipos de profesionales, ya existía en Colombia una realidad social donde muchas personas consideraban como éxito poder tener la nevera llena o “llegar a fin de mes” con lo que ganaban en su trabajo informal o en el empleo que lograban conseguir sin tener ningún tipo de estudios.

En el entresijo de estas tres realidades sociales, surgió en la década de los sesenta en Colombia el fenómeno del narcotráfico, hecho que decoloró los principios morales con los que una sociedad conservadora trataba de hacerse un espacio en las dinámicas económicas de una globalización naciente, la cual empujaba a exigirle a los países la integración en una economía global, hecho desconocido para casi todos y más, para Latinoamérica, la cual no tenía una visión tecnológica con la cual afrontar los procesos de industrialización que exige una economía neoliberal.

De este modo, mientras en Europa, con la caída del muro de Berlín (9 de noviembre de 1989), descubrían que todo cambia de la noche a la mañana, pensando ellos en la posibilidad de ser libres, en Colombia (11 de junio de 1976), ya se sabía esa verdad, pero no en función de la libertad, sino en función del éxito económico, dado que Pablo Escobar, capitaneando el destino del narcotráfico, con su grupo de amigos instauró una palabra que redefinió el concepto de éxito en Colombia: ¡Coronamos!

Por ello, para los hijos de esos profesionales que se formaron con sacrificio o que simplemente sabían que para ser “buenos hijos” tenían que estudiar y aportar a la sociedad a partir de su titulación, la realidad que se fue develando para recibirlos a ellos con sus aportes, no fue tan placida.

El narcotráfico ya había establecido un discurso donde los títulos no representaban el éxito, éste se veía reflejado en la posesión, en el tener, en la acumulación, en la capacidad de ser audaz.  Elementos que en sí mismos no son contrarios a la búsqueda de los logros, pero en relación a la construcción de una sociedad con una moral solapada, contenida en el tiempo por las dificultades propias de las dinámicas de la vida, permitió que cualquier persona, más quienes no tenían nada que perder, corrieran el riesgo de “coronar” para poder demostrar que sin necesidad de ser profesional, también se podía ser alguien dentro de una sociedad encargada de limitar, jerarquizar o excluir, a quien no se parezca a lo que ella postula como dogma.

De modo inesperado, la tecnología también brotó y con ella la disrupción digital, el cambio de la velocidad de respuesta en la producción y el hoy vivenciado estrés laboral y las crisis internas de las organizaciones, empresas y compañías con el concepto de “quemado en el trabajo” que afrontan los Millennials y Anne Helen Petersen describe en su libro “No Puedo Más”, donde da a conocer cómo los Millennials se convirtieron en la generación quemada.

En un principio el éxito era lograr algo.  Hoy muchos profesionales solo desean ir a su cama a dormir porque están cansados de una lucha laboral que demanda más horas de trabajo que recompensas económicas, fruto de la estructura del sistema neoliberal apalancado en la maquinización de la tecnología.  Ni qué decir de lo inesperado del éxito de quienes coronaron, que buscando afianzar su seguridad a partir del tener, han tenido que vivir a su modo el no todo es posible, aunque se tenga con qué.

Hoy ser profesional es garantía de hacer parte de un sistema laboral que unificó a todas las clases sociales en una sola, la obrera.  Pocos profesionales se sienten exitosos o están conformes con sus metas o ideales trazados.  Se trabaja más por menos, se resiste más por no quedar sin empleo, hay una frustración generalizada después de haber estudiado tanto para llegar a no tener trabajo, conseguir lo que sale o tener que seguir estudiando para tratar de sostenerse al interior del sistema, sin que ello sea garantía de absolutamente nada.

Ser profesional en Colombia no necesariamente equivale a ser exitoso.  Quien tiene trabajo hace lo posible por conservarlo, por no dejarse quemar o no entrar en un estrés laboral que lo anule de sus funciones.  Quien no lo tiene, procura buscarlo, en ocasiones con el deseo inconsciente de que no le salga, para no afrontar una realidad social de un sistema que se está encargando de anular la subjetividad y hacer existir las nuevas formas de esclavitud humana.

TIPS para no sufrir.

Tenga presente que muchas de las “imágenes de éxito” que usted ve en las redes sociales, son solo humo de ilusiones no consolidadas.  En otras palabras, son mentiras.

1⃣ Aclare en su intimidad qué considera como éxito, para que pueda afrontar con tranquilidad una sociedad de consumo que busca el endeudamiento como mecanismo de autosostenibilidad.  El neoliberalismo no piensa en su éxito, piensa en sostener su deuda, para perpetuar su sistema.  Es decir, mientras usted se endeuda y sufre para ser feliz a través de la obtención de sus “éxitos”, el sistema se encarga de que usted nunca deje de endeudarse para aceitar su maquinaria.

2⃣ Aprenda a vivir con lo que realmente necesita.  No todo lo que le ofrece el mercado es necesario.  Construya un estilo de vida en el que se sienta a gusto con usted mismo.  A lo sumo, ese es el principio de la existencia.

3⃣ Ser profesional hoy es una elección de vida, no una imposición.  Reflexione si su estilo de vida amerita los sacrificios a los que usted se somete, si no, hoy puede replantear sus metas y comenzar de nuevo.

4⃣ No confunda el tener con el éxito.  Piense que la milimetría de la vida reparte de modo equitativo la angustia del éxito, lo cual le garantiza que todo aquel que logró una meta, está cargando proporcionalmente con el peso de la angustia que le genera sostenerla.

5⃣ La sociedad neoliberal proletarizó a quien trabaja, solo los accionistas tienen éxito, dado que ellos reciben la ganancia del plus de valor que le imprime usted a la transformación del bien o servicio para el cual fue contratado.

Facebook: https://www.facebook.com/profile.php?id=100061825363935

Twitter: @MARCOS_V_M

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba