ESPIRITUALIDAD

Espiritualidad | Somos los reflejos de nosotros mismos

Así pretendamos negarlo, somos los reflejos de los entornos en los que vivimos. Es decir, lo que nos ocurre es una consecuencia de lo que hemos forjado con nuestros pensamientos, sentimientos y creencias.

Estamos conectados con el cuerpo, la mente y el alma; y los tres componentes son los que finalmente retratan y construyen nuestra cotidianidad.

La forma como reaccionamos a las circunstancias que nos suceden tiene mucho que ver con lo que llevamos por dentro.

Las emociones, los valores y las actitudes poseen una influencia enorme sobre los procederes que seguimos con cada situación.

Si nos alteramos ante el caos y los estragos que nos mueven el piso, ello podría ser una consecuencia del mismo desorden que reina en nuestra alma.

Y cuando somos incapaces de detectar amor a nuestro alrededor es probable que nuestro corazón tampoco esté lo suficientemente alimentado con nobles ideales.

Insisto en decir que lo que pensamos y creemos tiene peso. Tal vez por eso nos cuesta aceptar lo que vivimos y no distinguimos entre lo que es real, las ilusiones, los sueños y la misma fe.

Lo que almacenamos en nuestra cabeza, ya sea positivo o negativo, tiene eco en nuestro mundo. Todo está embadurnado por ideas propositivas o por aquellos argumentos necios que nos empecinamos en exponer.

En lugar de buscar respuestas afuera, podríamos mejor escudriñar lo que llevamos por dentro.

Todas las experiencias, por más dolorosas que sean, esconden grandes aprendizajes. Transformemos nuestra forma de observar y de esta forma entenderemos que cualquier cosa que nos suceda es nuestra responsabilidad.

A veces no aceptamos lo que nos ocurre porque no hemos limpiado el alma de tantos rencores, remordimientos y episodios tristes que están acumulados. En lugar de soltar todo eso, nos atormentamos e insistimos en seguir sembrando semillas ‘malas’ en las partes heridas de nuestro interior.

También solemos buscar motivos para amargarnos. Es cierto que existen situaciones difíciles, pero no tenemos que pensar que estamos condenados a sufrir o que solo podremos respirar desazón.

Los hechos inesperados ocurren para sacarnos de la zona de confort y de nosotros depende si nos atrevemos a salir o si insistimos en estancarnos más.

Si asumiéramos cada hecho con serenidad y manejáramos la vida con inteligencia emocional y madurez, reflejaríamos más felicidad.

La invitación de hoy es a conocernos mejor y a sanar nuestras heridas internas. Debemos reavivar esa energía que nos permite encarar los problemas cotidianos sin excesiva agitación.

Quien sana su alma irradia una atmósfera benéfica y transmite paz a quienes le rodean. Por eso, hay que tener el firme compromiso de transformarnos para bien y, de esta forma, lograr una mejor calidad de vida.

Está comprobado que la disminución de la ira, del dolor, de la depresión y del estrés nos generan mayores sentimientos de optimismo, esperanza y confianza; incluso eso repercute en nuestra salud, en sistemas como el nervioso, el cardiovascular y el inmune.

De ahí la importancia de cultivar el alma y entender que la vida es un reflejo de nuestro mundo interior.

Por: Euclides Kilô Ardila

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